Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

No. 13

Portada

 

 Arquitectura, tiempo y memoria

Escrito por Daniel Garza Usabiaga

 

La arquitectura tiende asociarse, de manera obvia, con un arte del espacio. Sin embargo, la arquitectura también demanda, como Karsten Harries ha mencionado, ser considerada como un arte relacionado con el tiempo. La dimensión temporal que encierran las construcciones así como la duración que implica el acto de habitar un espacio ejemplifican esta relación.i

Durante las primeras décadas del siglo XX, y principalmente con el surgimiento y desarrollo del programa de arquitectura moderna, hubo un énfasis en la dimensión espacial de la disciplina y un rechazo de cualquier consideración temporal que no fuera otra que aquella asociada con la categoría de lo nuevo. El inicio de la arquitectura moderna se presentó como una total ruptura con la tradición y un intento de separase de cualquier continuidad con el pasado. Aún en casos como el de la arquitectura moderna, que de manera deliberada rechazaba una dimensión temporal, se puede apreciar cómo las construcciones, con el paso de los años, contribuyen constantemente en nuestra percepción del tiempo. Visto desde el presente, el lenguaje de la arquitectura moderna se presenta como una solución del pasado, prácticamente obsoleta.

No obstante, el programa de arquitectura moderna -que puede parecer obsoleto- aún guarda una serie de ideales y aspiraciones asociadas con su tiempo y las intenciones originales de sus creadores; preocupaciones que por lo general iban dirigidas al mejoramiento de la vida de los individuos. La arquitectura moderna, así, puede conceptualizarse en el presente como lo hizo Walter Benjamín, en su momento, recurriendo a las construcciones en desuso del siglo XIX: como un modelo del pasado –con intenciones utópicas- que contrasta, en nuestro caso, con una práctica contemporánea preocupada principalmente por hacer de la arquitectura un evento asociado a la cultura del espectáculo. La dimensión temporal de las construcciones, de esta forma, sirve para realizar, principalmente en el terreno de la crítica, un contraste entre ciertas condiciones del pasado y el estado actual de las cosas.

En relación a la práctica de la disciplina, a lo largo del siglo XX, han existido arquitectos cuya propuesta encierra una reflexión temporal, principalmente con el pasado y con el fin de establecer una continuidad cultural con ciertas tradiciones. Los casos más sobresalientes de este tipo de prácticas son aquellos que no recurren a pastiches de carácter historicista sino que buscan una actualización de la tradición en un lenguaje y bajo una serie de imperativos técnicos de su propia época. La cita textual al pasado y el pastiche historicista, por otro lado, tienden a ser utilizados en situaciones que buscan sacar provecho de su fácil identificación capitalizando en su carácter identitario o en su nostalgia por un tiempo idealizado. No sorprende que este tipo de recurso de carácter historicista este comúnmente asociado a situaciones políticas –como espacio propagandístico- o comerciales –como espacios de consumo.

La arquitectura, además, crea los marcos espaciales de la experiencia social en la ciudad que da pie a la memoria colectiva. Como Maurice Halbwachs postuló, la memoria colectiva depende en gran parte de su localización en el espacio social; sitio en el que se desenvuelve la historia teniendo como marco, generalmente, espacios arquitectónicos.ii A partir de esto, y tal como puede comprobarse históricamente, no sorprende que cuando alguien ha tratado de obliterar la presencia de cierto grupo social, una de las primeras cosas que se destruyan sean las construcciones emblemáticas asociadas con su historia y su memoria.

 

i Karsten Harries. The Ethical Function of Architecture. Cambridge: MIT Press, 1998. pp. 214-215
ii Maurice Halbwachs. On Collective Memory, Chicago: University of Chicago Press, 1992. pp. 52-53

La Ruina que Pervive

 

 

“ El tiempo es la metáfora del espacio…”
Herberto Elder

 

“ el albañil quedó maravillado al pensar que el
trabajo gastado no se perdía, que permanecía
almacenado durante muchos años, sin merma
alguna, latente en el bloque de piedra, hasta
que un día comprendió que el bloque podría
desprenderse…
Aldo Rossi, autobiografía científica.

 

“Toda buena obra de arquitectura desde su concepción, debe pensarse para ser ruina” nos decía el maestro Carlos Mijares, ésta debe saber envejecer, si es buena será atemporal y trascenderá su época sin perder su fuerza con el tiempo.

A principio de los años 60´s en Cuba se construyó un hermoso conjunto de edificios que nacieron siendo ruina, las primeras de la era moderna probablemente. Hablo del no tan conocido proyecto para las Escuelas Nacionales de Arte en Cuba. Aquél que nació de una ocurrencia a la mitad de un partido de golf entre Fidel Castro y “el Che” en el Habana Country Club. La consigna era transformar ese mismo campo de Golf, que hasta entonces, era sólo utilizado por unos pocos privilegiados, por escuelas publicas de arte, danza y música para todos, y sería con esta ingenuidad y sencillez, que sin saberlo, estaba por gestarse uno de los mejores proyectos de arquitectura de la época.

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¿Completar o dejar envejecer?

 

 

John Ruskin, en su libro de Las Siete Lámparas de la Arquitectura encarnó y derramó el espíritu y el sentimiento más puro de perdurabilidad y envejecimiento de un objeto: lo supo ver, admirar y dejar ser. Violet Le Duc, en cambio, ejerce acción y decisión que modifica y cura al monumento histórico y lo convierte en un objeto “completo” y nuevamente utilizable. Las visiones se contraponen, la primera la plantea un teórico del arte, mientras que la segunda un arquitecto activo, y aunque cada una se postula como preferente y verdadera hoy se sabe que ambas tuvieron consecuencias que resultan de interés, polémica e injerencia hasta nuestros días.

Lo que en el siglo XIX comenzó como una búsqueda por conocer y entender el mundo en su extensión espacial e histórica, sus fenómenos, sus civilizaciones y su riqueza –viajes ilustrados, el enciclopedismo y el positivismo, sigue hoy actuando de manera exacerbada en forma de turismo, de viajes e intercambios académicos, culturales, y de proyectos profesionales. Existe un interés generalizado por conocer la otredad, y se aprecia el hecho de llegar a un lugar que expresa autenticidad. También existen quienes, a fin de mantener su unicidad, o bien, su carácter original, restauran su patrimonio con el afán de no perder sus símbolos más emblemáticos. Cartagena de Indias, en Colombia, se nos presenta como una límpida paleta de colores vivos y relucientes, mientras que la Habana la vieja, con arquitectura muy similar, proyecta colores deslavados, pasteles y piedra aparente carcomida por el salitre. No hay que confundir el ejercicio de Le Duc con lo que sucede en Cartagena, por ejemplo, Le Duc procuraba un conocimiento histórico y constructivo exhaustivo, que permitía intervenir los inmuebles con suma sensibilidad y concordancia con sus facturas originales, por lo que una pintura vinílica representa un delito contra un encalado. La Habana, en cambio, es sincera en su expresión de vejez, y por lo mismo proyecta una fuerza única de tiempo atrás.

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Una arquitectura que viaja, el Teatro del Mundo de Aldo Rossi

 

Para el arquitecto italiano Aldo Rossi (1931-1997), la idea del teatro siempre funcionó como el motor creativo de su arquitectura y sirvió como escenario sobre el cual construyó sus teorías. El teatro fue una de sus más grandes obsesiones y a través de la cual se puede entender toda su obra. En las diferentes etapas de su carrera, la idea de la teatralidad se desarrolló en diferentes niveles a través del cuerpo de su obra, tanto arquitectónica como literaria. El teatro para Rossi significaba la puesta en práctica de sus diseños y la puesta en escena de su vida en la ciudad.

Asociado con el movimiento italiano Neo-Racionalista de la década de los setentas, el trabajo de Aldo Rossi emplea formas arquetípicas en un intento por establecer una conexión con la memoria de la arquitectura clásica. Sus edificios son abstracciones de elementos tipológicos (torres, columnas, escalinatas, plataformas) dibujados desde su memoria y construidas a través de repeticiones de fragmentos reminiscentes de las geometrías racionales e icónicas.

La concepción de la arquitectura como teatro o escenario del mundo data de la época clásica en donde la puesta en escena era expresada como una ideología civil, y los teatros Romanos articulaban la relación entre la escena y la vida pública en el espacio arquitectónico. En 1978 Rossi diseñó una pequeña máquina –del tamaño de una caja de zapatos- para estudiar los elementos y las composiciones arquitectónicas. La denominó Teatrino Scientífico, un escenario en donde se pudieran realizar infinitas combinaciones tipológicas que le sirvieran como estudio para su trabajo posterior.

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La arquitectura neocolonial interpretativa.

 

El ornamento como reconocimiento del pasado.

 

La recuperación del pasado constructivo

 
"La conciencia de hacer saltar el continuum de la
historia es propia de las clases revolucionarias
en el instante de su acción. La gran revolución
ha introducido un nuevo calendario."
Walter Benjamin, Sobre el concepto de la historia, (Tesis XV).
 
"La tradición de tantas excelencias yace dormida
en la conciencia de todos, pero no muerta.
Basta un poco de estudio y meditación para
que la sintamos en nuestro ser profundo.
Ella, que es ancestral, corre en la sangre de
nuestras venas y espera que cada uno la demuestre
según su capacidad."
Jesús T. Acevedo, La Arquitectura Colonial en México.

 

El estilo neocolonial, al igual que otras corrientes del revival arquitectónico, es representativo por tener una conexión directa con la historia.i Se puede pensar como un modo de configuración a manera de escenografía y pastiche, tomando como ejemplo edificaciones de finales del siglo XIX y principios del XX en los Estados Unidos, o como un acercamiento más crítico, por medio de la reinterpretación del pasado virreinal en diversos países de América Latina. En México se tuvo que construir una reflexión en torno al ornamento histórico que asentara las bases de un estilo acorde a un contexto revolucionario. Una serie de arquitectos lograron conciliar esta teorización sobre la forma en relación con la práctica constructiva, a partir del proyecto del estilo neocolonial. La manera en que puede acercarse a este problema es conforme a un análisis apoyado en las tesis de Walter Benjamin expuestas en Sobre el concepto de la historia,ii con el fin de comprender esa representación del pasado arquitectónico. La reflexión expuesta por Benjamin otorga a la recuperación histórica la posibilidad de ejercer una ruptura de la concepción lineal temporal y por lo tanto un momento de choque a partir del “salto dialéctico”, lo cual permite una nueva lectura crítica sobre el pasado que lleva a la posibilidad de reinterpretar no sólo un caso particular sobre el neocolonial, sino toda un forma de acercamiento al estilo arquitectónico. Si el estilo barroco se caracteriza por ser “una puesta en escena” ¿qué implicaciones tuvo su recuperación en momentos de redefinición histórica en México?

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