Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

No. 5 - Filosofía 2.0

Amazon abre su almacén digita

 

Permite guardar en la 'nube' de Internet los archivos audiovisuales o de texto de sus clientes. Hasta 20 GB el servicio es gratuito
Amazon da un paso más. Ahora ha abierto su servicio mundial de almacenamiento desde la nube de Internet. En el caso de la música, los archivos que deposite el internauta en este almacén de Amazon podrán escucharse tanto en el ordenador como en un móvil equipado con Android. En el caso de documentos de texto o vídeos, solo podrán utilizarse con el navegador de un ordenador.
Amazon Cloud Drive permite subir archivos hasta 5 GB de forma gratuita. Este límite se puede ampliar a 20 GB con la compra de un album MP3 desde la tienda de Amazon. Si el internauta desea una capacidad superior de almacenamiento hay unas tarifas que se inician con la de 20 dólares por un año y 20 GB y terminan con mil dólares al año por mil GB, una capacidad que permite guardar 200.000 canciones, 400.000 fotos o 70 horas de vídeo.
Amazon aprovecha con esta oferta su experiencia de almacenamiento en línea que le da Kindle. Amazon mantiene una copia de los libros digitales adquiridos por sus clientes en su almacén digital. El anuncio de este servicio se suma a la apertura de una tienda para aplicaciones pensadas para el sistema operativo móvil Android en la que se propone competir con la tienda oficial de Google. Por ahora únicamente en Estados Unidos, el proyecto se basa en dar una calidad de servicio superior y una garantía sobre la seguridad de las aplicaciones aceptadas en su tienda. Amazon ha dispuesto una máquina virtual Android para que el cliente pueda probar la aplicación antes de su compra.
El anuncio de la apertura de este almacén digital de Amazon se produce cuando se intensifican los rumores sobre el próximo lanzamiento de Google Music que también estaría basado en la nube de Internet. Los movimientos de Amazon inquietan a la competencia. Apple ha denunciado a la compañía por considerar que el uso del concepto App Store supone una vulneración de una marca de su propiedad.
 
©El País

La discoteca global

 

Servicios que permiten oír y compartir música online, como Grooveshark, Blip.fm, MixTape, YouTube y Bloson, y sitios con información y reseñas de bandas y discos
 
En el principio de todo estuvo Pandora. Pero no la mujer que ordenó modelar Zeus en arcilla para castigar a Prometeo por el robo del fuego, sino el sitio que nació en 2000, y que hizo entrar en el tercer milenio al concepto de descubrir nueva música .
La premisa del sitio Pandora ( www.pandora.com ) es simple y muy atractiva: esta herramienta es capaz de aprender de nuestros gustos y sugerir música similar, que puede escucharse en el sitio mismo, clasificada sobre la base de 2000 características comunes (género, ritmo, etcétera).
El sitio fue un éxito y generó, como suele suceder, ofertas similares, como Last.fm (tiene su versión en español en www.lastfm.es ) y Spotify ( www.spotify.com ), que también brindan información sobre música complementaria a la que estamos escuchando.
En el caso de Last.fm, además, fueron pioneros en ofrecer una herramienta que registraba la música que escuchamos en la PC para aprender de nuestros gustos, y no depender sólo de nuestras visitas al sitio.
Lo atractivo de estos servicios es que al estar basados en la Web se encuentran disponibles desde cualquier computadora moderna; incluso hay aplicaciones para móviles que permiten acceder a esos contenidos desde un smartphone.
Se requiere, eso sí, de una conexión de banda ancha decente, como para que la reproducción de la música no tenga interrupciones.
Sí está disponible, sin embargo, toda la información sobre las bandas que están indexadas en su biblioteca online, y las recomendaciones y los comentarios que hace la comunidad de usuarios. Sólo hace falta registrarse.
Para Pandora y Spotify hay métodos no oficiales para usar el servicio fuera de Estados Unidos, pero su instrumentación puede resultar compleja para el usuario promedio.
 
Social
 
Por suerte hay otras alternativas a estos sitios, con servicios similares. Aprovechan, en general, pistas de audio o videoclips almacenados en diversas fuentes (YouTube es la más visible) para ofrecer una vasta biblioteca online de música que puede disfrutarse desde cualquier computadora.
La más popular es Grooveshark ( www.grooveshark.com , gratis). La interfaz, disponible en español, es muy sencilla: un cuadro de búsqueda nos invita a ingresar alguna palabra clave de la canción o artista que estamos buscando.
En los resultados podremos elegir escuchar sólo ese tema, el álbum entero, conocer más música de ese artista o ir creando una lista de reproducción, que incluso puede almacenarse en el sitio una vez que nos registramos.
A medida que escuchamos música ésta puede sumarse a nuestra discoteca virtual. También es posible subir la música en MP3 que tenemos en la computadora. Lo bueno es que si un tema está presente en la base de datos de Grooveshark no se hace la transferencia real del archivo, por lo que el proceso puede ser muy veloz.
El sitio también ofrece un listado de música popular (es decir, que están disfrutando sus usuarios) y también recomienda artistas similares, con el botón Radio . Incluye, además, una función para compartir con nuestros amigos la música que estamos escuchando, sea en nuestro blog como un widget, o por mail, Facebook, Twitter, etcétera.
En esto último, y en el descubrimiento de la música que escuchan otros, es en lo que se basa la propuesta de Blip.fm ( www.blip.fm , gratis), una suerte de Twitter musical.
Cada DJ (como se denomina a los usuarios en el servicio) tiene una línea de tiempo en la que va publicando música que encuentra con el buscador interno del servicio.
El usuario tiene seguidores y otros DJ a los que sigue; es posible republicar ( reblip , en la jerga del sitio) una canción recomendada por otro DJ; se puede armar una lista de reproducción y abrevar de una línea de tiempo general del sitio, tomando todo lo publicado o discriminando por género, época, etcétera.
Y, por supuesto, charlar con otros usuarios. Incluso automatizar la publicación de cada canción en Twitter, Facebook y otros servicios. También tiene un sistema de créditos como un método para apoyar DJ.
Hay que tener en cuenta que en ambos servicios la enorme mayoría de la música disponible en sus discotecas está en inglés. Si se comparten en Facebook o Twitter, en el texto se incluirá un link corto a cada canción.
Otras opciones para escuchar música en línea, compartir gustos y recibir recomendaciones son los sitios Goear ( www.goear.com ), Deezer ( www.deezer.com/es/ ), Yes.fm ( www.yes.fm ) y Cyloop ( http://latam.msn.cyloop.com , de Microsoft), todos gratis, que también ofrecen mucha información sobre los artistas que tienen en su discoteca.
Un párrafo aparte merece Bloson ( www.bloson.com , gratis), sitio de origen español -aunque la interfaz está en inglés- que promete una discoteca de 8 millones de canciones disponibles para su comunidad, y que aprovecha y recomienda la interacción entre sus usuarios, además de promover su tienda en línea, donando parte de lo recaudado a 15 causas humanitarias.
 
Compilados y videoclips
 
Una alternativa para la creación de listas de reproducción online es el sitio Mixtape ( www.mixtape.me ), que toma música disponible en otros sitios y la ofrece para armar un compilado de canciones que puede escucharse en línea.
La contra que tiene es que como depende de contenido externo a veces los temas dejan de estar disponibles.
Una excelente fuente de música es, por supuesto, YouTube ( www.youtube.com ), que reivindica los compilados basados en videoclips, área en la que alguna vez fue pionera la versión televisiva de MTV ( www.mtvla.com ; en su sitio también tienen videos musicales). Otros sitios con videos son los de MuchMusic ( www.muchmusic.com ), VH1 ( www.vh1.com ), Yahoo ( http://new.music.yahoo.com/ ) y Mixplay ( www.mixplay.tv ), entre muchos otros.
Como referencia, Justin Bieber y Lady Gaga ocupan el primer y segundo puesto de los videoclips más vistos en toda la historia de YouTube, con casi 250 millones de veces cada uno.
En YouTube es posible armar listas de reproducción, compartirlas con otros usuarios, comentarlas, encontrar versiones alternativas a los cortes oficiales y descubrir artistas independientes, que aprovechan la audiencia masiva del sitio para difundir su obra, por lo general apelando a videoclips creativos. Por ejemplo, OK Go ( www.youtube.com/okgo ) y Pomplamoose ( www.youtube.com/PomplamooseMusic ). Y también está, por supuesto, MySpace ( www.myspace.com ), que sigue siendo uno de los lugares preferidos por un gran número de bandas para difundir su música.
¿Y las letras? En www.letrascanciones.org , www.planetadeletras.com , www.lyricsondemand.com , www.lyricsplanet.com y www.lyrics.com están registradas muchísimas.
Los músicos independientes han encontrado en Internet un canal muy fecundo para mostrar su trabajo y no depender de las discográficas para hacerse conocidos. Dos sitios que pueden resultar atractivos para conocer bandas alternativas son Jamendo ( www.jamendo.com/es/ ) y Magnatune ( www.magnatune.com ), que permiten escuchar música gratis (y eventualmente adquirirla), por lo general licenciada bajo Creative Commons.
Otro sitio con muchísima información sobre la escena independiente local e internacional es el portal local Zona Indie ( www.zonaindie.com.ar ), con videos, enlaces a las páginas de las bandas, reseñas y mucho más.
Para tener información sobre bandas y artistas un punto de referencia es la Wikipedia ( http://es.wikipedia.org ), pero también tienen muchísima información los sitios AllMusic ( www.allmusic.com , en inglés), Hype ( http://hypem.com , una colección de blogs sobre música escritos en inglés), el sitio de la revista Rolling Stone ( www.rollingstone.com.ar ), Billboard ( www.billboard.com ), NME ( www.nme.com , en inglés), Mojo ( www.mojo4music.com/blog/ ) y la página local Rock ( www.rock.com.ar ), además del canal de Espectáculos de lanacion.com ( www.lanacion.com.ar/espectaculos/ ) y el blog El amplificador ( http://blogs.lanacion.com.ar/el-amplificador/ ), para tener más información sobre la música que nos gusta, y explorar nuevos artistas y ritmos musicales.
 
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Pequeñas lecciones del jardín de bits

 

Queriéndolo o no, el lector Mario Moscardi hizo blanco sobre una de las cuestiones más irritantes de la tecnología digital: ¿hay forma de asegurarnos que los datos almacenados se preserven durante, al menos, tanto tiempo como cuando usábamos papel?
La respuesta simple es: no, no podemos tener esa certeza. ¿Por qué? Porque ningún soporte tecnológico ha superado la prueba de los siglos, como el papel. No ha pasado todavía tiempo suficiente.
Pero las respuestas simples suelen ser engañosas. Y en más de un sentido.
Primero, no todas las formas de papel ni todas las tintas son igual de duraderas. Los más modernos se degradan mucho más rápido que los más antiguos, por ejemplo. Por añadidura, sólo se requiere de un fósforo para enmudecer una biblioteca.
Segundo, ¿quién dijo que no se pueden almacenar datos digitales en hojas de papel? Prepárese para una sorpresa más adelante en esta nota.
Tercero, la duración de un archivo no depende exclusivamente del soporte que se utilice; el gran dramaturgo griego Sófocles vendrá a darnos una mano con esto.
Cuarto, ¿no estaremos sobrestimando un poco esto de perdurar? Me parece que sí. Volveré sobre el asunto enseguida.
Por último: las computadoras a costos ridículamente bajos (en comparación con 30 años atrás) están cambiando todo lo que conocemos. Eso incluye el concepto de archivar . Durante siglos fue algo más o menos estático, sobre todo en el nivel hogareño, del tipo fire and forget . Ya no más. Ahora los datos son como las mascotas: si querés tener una tenés que estar dispuesto a ocuparte de ella a diario.
 
El juez entrópico
 
La primera parte de este cuestionario es, con todo y su sencillez, irrefutable. Aun cuando se pueden simular condiciones de desgaste para calcular cuánto durarán los medios de almacenamiento digitales, otras variables no están a la mano. Es lo que tiene de bueno y de malo el tiempo. Como decía mi bisabuela: El tiempo no enreda con nadie , y señalaba el reloj de pared.
No se trata solamente de que el CD, la cinta o el disco externo duren, digamos, cien años (lo que es bastante poco probable), sino también de que los formatos de archivo todavía puedan leerse con las plataformas existentes entonces. Por desgracia, también hay que poner en tela de juicio que esto vaya a ser así, por lo menos a costos razonables para el usuario doméstico. ¿Olvidó pasar algunos documentos de los diskettes a CD o a una llave de memoria? Si tiene suerte encontrará todavía una computadora con una diskettera que funcione. En otros 20 años, sinceramente, lo dudo. Si la encuentra, seguramente no será gratis. Por no mencionar el que es casi seguro que gran parte de los bits se hayan echado a perder.
Admitámoslo, tenemos más capacidad de almacenamiento, pero estos datos son mucho más frágiles que antes, y en varios sentidos: soporte físico, sistema operativo, software de aplicación, lectores de dispositivo, algoritmos de encriptación. Cuando voto a favor de los formatos abiertos no es por capricho o unas líneas de febrícula romántica. Los estándares y formatos abiertos garantizan un poco más la perduración de los documentos.
 
Papelbits
 
Almacenar datos de computadora en papel no sólo es posible, es también algo bastante viejo. En 2006 un estudiante hindú, Sainul Abideen, reflotó y actualizó la idea al demostrar una tecnología llamadaRainbow Storage , capaz de almacenar datos binarios en hojas de papel usando puntos y figuras geométricas en color. Los números que se difundieron al principio (hasta 256 GB en una hoja A4) eran simplemente ridículos, al menos con la resolución de las impresoras y los scanners actuales. De hecho, se acusó al desarrollo de ser tan sólo un hoax . Abideen salió a defender su invento diciendo que se había malinterpretado su demostración. Hoy todos los sitios de origen del Rainbow Storage (la página personal de Abideen, por ejemplo) ya no están en línea.
Sin embargo, en la práctica, no existe ningún impedimento para almacenar bits en papel. Las tarjetas perforadas y las cintas de papel son casos clásicos. Los códigos de barras son ejemplos cotidianos. El problema está en la limitada capacidad de almacenamiento que podemos extraer imprimiendo y escaneando, y en que conceptualmente es un callejón sin salida. A 500 KB por cada hoja A4, el backup de un disco rígido de 250 GB tendría casi la altura del Obelisco.
Ahora, ¿de dónde saco este valor de 500 KB? Aquí va la sorpresa prometida: encontré un programa que sirve para guardar bits en papel. Es gratis (obvio), se llama PaperBack (www.ollydbg.de/Paperbak/index.html ), y requiere una impresora de 600 dpi y un scanner de por lo menos 900 dpi de resolución óptica. Su creador promete una capacidad mucho más razonable que la de Rainbow Storage : 500 KB en una carilla A4. 
También afirma que es una broma, quizás en el sentido de que guardar bits en papel es algo descabellado en la actualidad, quizá porque no funciona en absoluto. No queda claro, aunque un rápido vistazo al código fuente indica que el hombre se tomó el trabajo de crear un software que realmente guarda bits como puntos en papel.
Lo probé de muchas formas, para esclarecer este asunto, pero no hubo forma de recuperar los datos a partir de la hoja impresa con los diminutos patrones de puntos. Lo que nos lleva al siguiente problema.
 
Saquen una hoja
 
Lo he dicho unas 25 millones de veces (este valor es aproximado): el asunto no es el papel. Tenemos la capacidad de almacenar información en papel desde hace más de 50 siglos. Es una tecnología tan extraordinaria que todavía dependemos de ella, pese a su increíble edad. ¿Por qué?
Porque el papel es una tecnología que se contiene en sí misma. Cuando hablamos de textos y fotos impresos, ¿quién hace las veces del hardware y software que interpretan ese material? ¡Nosotros! No hay baterías, sistema operativo, formatos propietarios, código fuente, dispositivos lectores ni drivers de video para la pantalla. El único obstáculo que podemos encontrar es que esté en un idioma que no conocemos, pero ése no es un problema inherente a la tecnología del papel impreso, porque da lo mismo escribir en español que en chino. Con las fotos, por ejemplo, no se necesita traducción.
Pero hay algo más: como somos seres de una complejidad inconcebible, podemos decodificar páginas en pésimo estado de conservación, con poca luz, mientras nos encontramos en movimiento, con los ojos arrasados por las lágrimas, y podemos hacerlo incluso cuando falten caracteres. Las máquinas no son capaces de esta fabulosa flexibilidad.
Por eso, aun si pudiéramos desarrollar una forma más o menos confiable y práctica de usar papel para almacenar bits, el archivo no sólo sería tanto o más de fácil de corromper que uno en CD, memoria flash o disco duro, porque los papelbits se degradarían con sólo arrugar un poco las hojas, sino que volveríamos al problema inicial: necesitaríamos un conjunto de tecnologías, por definición perecederas, para decodificar esa información.
Deberíamos empezar a tomar conciencia de que el papel no es la solución a los problemas inherentes al almacenamiento digital. No, al menos, el papel tal como lo conocemos hoy. En el futuro quizá se desarrolle el papel basado en nanomáquinas que podría ofrecer lo mejor de los dos mundos.
No todavía.
 
Sófocles Seven
 
También tendemos, me parece, a sobrevaluar la perduración. Uno de los dos más grandes dramaturgos griegos, Sófocles, compuso 123 obras. Conocemos, de forma completa, 7. Y unas 24 más de manera fragmentaria. ¿Qué pasó? Tenían medios supuestamente muy duraderos para guardar datos. ¿Qué le ocurrió al 94% de los trabajos de uno de los mayores genios de la literatura universal?
Bueno, es muy probable que no fueran tan geniales como Edipo rey y Antígona . ¿Y cómo sabemos eso? Porque en la Atenas del siglo V antes de Cristo las obras competían en concursos para salir a escena. Eran una cuestión de Estado en aquella sociedad sin televisión, radio, cine ni libros. Sófocles participó, que sepamos, de 30 concursos. Ganó unos 24. Fue un innovador y su fama en la Grecia clásica era inmensa. De sus obras más populares se hacían copias para representarlas en cada ciudad que tuviera un teatro. Las más catárticas, las que hoy llamaríamos entretenidas , llegaron hasta nosotros no porque el papiro fuera perdurable, sino por el principio de redundancia: existían muchas copias. Cuando el original se quemaba o se destruía en un naufragio, había otro ejemplar. Más copias, más posteridad.
Dos lecciones nos da, todavía hoy, el caso Sófocles. Primero, no todo merece perpetuarse. La biografía fotográfica entera de mi familia se reduce a no mucho más de 500 hojas de papel en dos cajas.
Con medios digitales sólo en mi último viaje saqué más de 2000 imágenes (www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1254568 ). 
La gran mayoría no resistirá el juicio del tiempo. Ninguna, casi con certeza. Así que, sinceramente, me conformo con que duren unas cuantas décadas.
La segunda lección es que una de las claves para que los datos digitales no se pierdan a causa de alguna de sus muchas debilidades es multiplicar las copias.
 
El cuidador de bits
 
Como muchas otras cosas, la idea de archivar y olvidarse es obsoleta. La caja de cartón con las fotos, los discos de vinilo repujado y las cartas en papel han pasado a la historia. Hoy tenemos MP3, mails y JPG. Bits y sólo bits.
Por eso, mientras sigamos pensando el concepto de guardar como lo hicimos hasta ahora, seguiremos llegando a la ominosa conclusión de que todo está perdido.
Almacenar datos hoy significa mantenerlos vivos. Hacer varias copias de respaldo en medios actuales (otrora, diskettes; hoy, discos externos o DVD), actualizar esos medios cuando cambie el viento técnico, verificar la integridad de la información regularmente, elegir el formato adecuado para que en el próximo lustro nuestros documentos no se conviertan en obsoletos.
Mucho de esto puede automatizarse, pero seguro tendremos que migrar a otro formato y otro soporte varias veces en el curso de la vida de ese archivo (y la nuestra). Es una regla de juego inevitable de estas tecnologías que mejoran sus prestaciones varias veces por mes.
El futuro quizá nos devuelva un método menos trabajoso, pero por ahora la información digital es un jardín de historias personales que debemos cuidar amorosamente.
 
© La Nación
 

Las bibliotecas se sacuden el polvo

 

Internet transforma las salas de lectura en focos de expansión de la cultura digital - Los usuarios deben ser los nuevos creadores, afirman los expertos
 
Las bibliotecas han sido siempre lugares tranquilos y ensimismados donde los bibliotecarios intentaban ordenar el mundo con sus libros. Pero todo eso ha cambiado y se ha puesto patas arriba al irrumpir las nuevas tecnologías y convertirlas en lugares donde los usuarios escuchan música, ven películas, se reúnen y comparten experiencias, además de leer libros y otras publicaciones. Cada día se comercializan nuevos soportes electrónicos y la digitalización de todo tipo de contenidos es la norma. ¿Tiene sentido almacenar libros? ¿Tienen futuro las bibliotecas si ahora se puede descargar todo de Internet? Los responsables de las bibliotecas de Barcelona, que pusieron en marcha el Plan de Bibliotecas en 1998 para modernizar estos equipamientos, han hecho balance y han reflexionado sobre su futuro en unas jornadas.
Javier Celaya, fundador del portal culturaldosdoce.com, ha coordinado uno de los encuentros celebrados en la Biblioteca Joan Fuster, en los que han participado responsables de algunas de las bibliotecas más importantes de Europa y América, como la Library 10 de Helsinki, la Biblioteca de La Haya y la Biblioteca Pública de Nueva York. Según Celaya, en el mundo analógico había cabeceras, editores y bibliotecarios con crédito que aconsejaban lo que había qué leer, mientras que en el mundo digital se accede a la información sin reflexionar y de forma inmediata.
 
Consumo voraz
 
Celaya advierte que la tecnología tiene sesgo e intereses económicos. Afirma que España "consume de forma voraz las tecnologías; es el segundo país, tras Brasil, en el uso de las redes sociales y dedicamos más de tres horas diarias a navegar". El problema es desconocer cómo usar la información. "Y ahí las bibliotecas tienen un papel fundamental, ya que disponen de profesionales que saben filtrarla y organizarla para su uso, además de ser el único lugar que permite informarnos de forma creíble y con garantías de que lo que se lee no es utilizado con fines comerciales".
Los expertos reunidos en Barcelona abogaron por que las bibliotecas sean lugares donde no sólo se realicen "transacciones de libros y películas", sino que los usuarios se conviertan en creadores de actividad cultural y que las bibliotecas ayuden a formar a los jóvenes y hagan cambiar las cifras que indican que sólo el 10% de internautas aporta contenidos a la red. Además, defendieron que estos "centros de recursos" han de ser lugares sin barreras, de estructuras flexibles que permitan adaptar el espacio según las necesidades y los grupos de usuarios, incluso pidieron acabar con los mostradores y que el bibliotecario se relacione más y de forma más informal con los usuarios. Rebecca Federman, de la Biblioteca Pública de Nueva York, explicó que este acercamiento y la creación de blogs en los que los bibliotecarios explican sus gustos, habían conseguido aumentar la consulta de los fondos que nunca se solicitan y que giran en las bibliotecas alrededor del 90%. Tender hacia la especialización de los bibliotecarios, utilizar la mercadotecnia para dar a conocer los centros, construir bibliotecas más sostenibles, abrir los domingos y estandarizar horarios fueron otros aspectos debatidos.
En cuanto a los libros electrónicos, coincidieron en que su uso es imparable. Luis Collado, director de Google Books España, aseguró que pronto los lectores se convertirán en aparatos fáciles y baratos y que su empresa pondrá a la venta el acceso de dos millones de libros en catalán y castellano y 1.000 licencias para que las bibliotecas las gestionen y los libros puedan ser descargados.
Este año finaliza el Plan de Bibliotecas. Barcelona cuenta con 38 bibliotecas municipales y está construyendo seis más; el 46% de los barceloneses tiene carné -frente al 13% de 1998- y seis millones de usuarios utilizaron uno de estos centros en 2009. Además, las bibliotecas municipales han conseguido ser el servicio más valorado, por encima del metro y la recogida de basura.
 
@El País

Del conventillo a Facebook

 

Narra el Génesis que a quienes huían despavoridos de la ciudad de Sodoma, Dios les prohibió volver su cabeza y contemplar la gigantesca pira que consumía en sus llamas a quienes en su vida no lo habían pasado nada mal. Pero la esposa de Lot no resistió la tentación y giró su cabeza. Lo que vio, a ciencia cierta, no lo sabemos. Sí sabemos que, por desobedecer el mandato divino, se dice que ese Dios inmisericorde la convirtió en estatua de sal.
Castigo aterrador que revela la carga transgresora que, desde los inicios de la historia humana, selló el deseo irrefrenable de espiar la vida de los otros.
También sabemos que lo que vio, lo vio "en vivo y en directo", expresión acuñada, tal vez por esas ironías del lenguaje, para aludir a una realidad mediada por la imagen de una pantalla.
Mientras que el filósofo político Guy Debord denunciaba en La sociedad del espectáculo , en 1967, que la imagen sustituyó a la vida social auténtica, en el despuntar del siglo XXI la imagen, voraz, fagocita la realidad.
Entiéndase bien: con la irrupción a escala global de las nuevas tecnologías de comunicación, la imagen ya no es una representación de lo real sino que, más bien, la imagen agota la realidad misma. En el mejor de los casos, la realidad no es sino un apéndice atrofiado.
El desplazamiento de la realidad por la imagen se acompañó de un proceso creciente aunque gradual de exposición pública, satisfaciendo con esa mostración tantas veces obscena aquel deseo primario de hurgar en las vidas ajenas que tan caro debió pagar la mujer de Lot. Exposición pública que, paradójicamente, siguió un itinerario de descorporalización de los vínculos humanos. Si retrocedemos en el tiempo, en el conventillo se mostraban amores y desengaños que hacían de sus habitantes testigos y testimonios de la vida que allí bullía. Esos inquilinatos eran también una suerte de red social, como lo eran el club, el barrio, el café de la esquina, todos ellos asentados en vínculos solidarios que albergaban penurias aliviadas de tanto en tanto por algún que otro gesto heroico. En esos escenarios se era testigo involuntario, cuando no se espiaba aquello que no debía verse, a sabiendas de que se corría el riesgo, más tarde o más temprano, de servir de blanco de la mirada ajena. Porque al igual que en las antiguas batallas donde se ofrendaba la propia vida, en esa fraternidad las pasiones y los enconos se dirimían cuerpo a cuerpo.
Esa reciprocidad latente que doblegaba pero también igualaba con las leyes inapelables del azar tuvo su ocaso con la invención del reality show y del universo tinelliano , simulacros donde se es mirado sin mirar y donde se aspira a una fama cuyo precio es caer en gracia al espectador anónimo, pero dotado del poder omnímodo de premiar o aniquilar. No sólo eso: ya no es necesario espiar la vida de los otros porque son estos mismos otros quienes se ofrecen voluntariamente como piezas de exhibición, aun cuando sea a costa de mostrar lo más abyecto de la condición humana. Como si esa exposición no bastara, nuestra televisión autorreferencial y parasitaria repite esos simulacros hasta el cansancio, en una nueva mediación que aleja al espectador, todavía más, de esa seudorrealidad que fue gestada y parida ya degradada.
Huelga decir que los vínculos fundados en la reciprocidad del conventillo fueron desterrados tanto del reality como de los escenarios tinellianos por la asimetría que exigen sus formatos. Y habrían de sufrir un nuevo giro con las redes sociales, multiplicadas en el ciberespacio, donde se pierde la carnadura de lo real que aquellos shows, pese a su ficcionalidad, no alcanzan a opacar. En los muros de Facebook (por nombrar sólo la red más difundida), el proceso de desmaterialización en la exposición de sí mismo -una marca de la cultura contemporánea- es legitimado cuando el internauta es invitado a confeccionar su propio perfil virtual. A diferencia de la ineludible espontaneidad del conventillo, Facebook permite la construcción de un perfil cuya veracidad no se puede confirmar y con él, la posibilidad de construirse otra identidad. Se exige, a lo sumo, la verosimilitud de esa autoimagen hecha pública, límite que puede hacer del muro de Facebook un arma perversa. Porque si es tan cierto que se es libre de soñar lo que nos plazca como que todos querríamos ser a veces quien no podremos llegar a ser nunca, la virtualidad ofrece la oportunidad de exhibir no sólo una imagen de sí idealizada, sino una vida inventada, una ilusión a conciencia fraguada. Lo que no estaría nada mal si las reglas del juego fueran transparentes, como quien lee una novela a sabiendas de que no es sino una ficción. 
Pero cuando no es posible distinguir entre lo que es y lo que parece ser, cuando un "amigo" puede ser un impostor, nos deslizamos hacia otra dimensión.
En el mejor de los casos, como se trata de tener un millón de amigos, cuanto más atractivo parezca ese yo virtual, cuanto más adorne u oculte su insignificancia de carne y hueso, más sencillo será ganarse ese millón que destrona a las relaciones sociales genuinas. Y cuando no media impostura alguna, el perfil del usuario suele ser la consumación de un ejercicio narcisista a compartir en un intercambio que tiene mucho de curiosidad, algo de información y nada de esa verdad insustituible que marca la presencia real del cuerpo del otro. Ese espacio virtual de Facebook, sin embargo, todavía se construye con ladrillos propios de la realidad, como lo son las fotografías que se cuelgan del muro. Pero dado que toda tecnología es rápidamente opacada por lo novedoso, en ese proceso de desmaterialización progresiva ya irrumpieron los ciento cuarenta caracteres de Twitter.
Esta aplicación reciente permite a sus usuarios estar en contacto en tiempo real con personas de su interés a través de mensajes de texto por medio de una simple pregunta: "¿Qué estás haciendo?". Pese a que su autoría es tan imposible de verificar como lo es el sexo de los ángeles, seguir a una celebrity alienta la ilusión de que uno comparte su intimidad, que es uno de los suyos, hermanados por esa lacónica cotidianidad. Puesto que ni siquiera requiere "amigos" (eufemismo que le presta cierta pátina de dignidad a ese negocio millonario que resultó ser Facebook), el microblogging vuelve realidad el sueño de "seguir" a Maradona o a Ricky Martin o al ganador de un Nobel: el seguidor se jacta de saber qué almuerza Maradona, qué film ve Ricky Martin o qué perfume usa quien obtuvo el Nobel, como si esos datos presuntamente fieles nos revelaran los gustos de un chef o de un crítico de cine o de un fashionista . Al tener (o creer tener) acceso a esos gestos minúsculos e intrascendentes que hacen a la vida de todos los días, se vive en la ilusión de que se comparte la intimidad de quienes, sin la bendición de una tecnología de alcance global, jamás estarían al alcance de tantos ilustres desconocidos. Inmersos en la cultura del "úselo y tírelo", en ese peregrinar cibernético se erigen, día tras día, nuevos ídolos de pies de barro a través de breves mensajes que obturan el tiempo muerto y, por su instantaneidad, liberan de todo ánimo reflexivo.
Lejos de añorar un mundo sin pantallas, se trata de reflexionar en torno al uso que se hace de las tecnologías de la información -que, en sí mismas, no son ni buenas ni malas-. Twitter fue una bendición en Irán tras los resultados de unas elecciones sospechosas de fraudulentas que le dieron la victoria a Ahmadinejad, a través del cual se logró transmitir el descontento de los ciudadanos por los resultados eleccionarios. 
El gobierno fundamentalista contraatacó reduciendo el ancho de banda con el fin de impedir la difusión de las protestas, en una batalla cibernética en donde se jugaban el derecho de expresión y el libre acceso a la información. Pero no siempre la tecnología es orientada hacia objetivos tan excelsos: en la vida política nacional, su empleo parece acotarse a los consabidos alardes pugilísticos en una especie de cuadrilátero virtual, donde los breves mensajes, por su contundencia, pretenden dejar en knock out al circunstancial contendiente, obturando todo debate argumentativo en torno a ideas. Es cierto que, semejante a una epidemia, la tinellización ha contagiado a la política. Aunque lo ominoso parece desconocer cualquier límite: la misma tecnología pudo servir a fines siniestros al ser usada para propagar una "broma" brutal en el Día de los Inocentes cuando en un micromensaje se anunciaba mendazmente la recuperación de Gustavo Cerati de su coma profundo.
El ciberespacio -a través de la creciente gama de dispositivos diseñados para ese fin- invita a un tiempo sin discontinuidades, en el que vivimos hiperconectados y donde nuestro cuerpo ha pasado a ser una terminal orgánica de la gigantesca maquinaria de la Red: cada gesto del usuario -subir un video, una foto, un texto- asegura que lo que piensa, vive y hace será compartido por otros usuarios, visibilizando su intimidad y perdiendo el anonimato. De forma inercial, se adopta cada nueva tecnología, a menudo sin atender a los riesgos potenciales que entraña una vida privada hecha pública: desde empleados despedidos por pedir licencia por presuntas enfermedades desmentidas prontamente por videos vacacionales subidos a la Red hasta niños y jóvenes capturados por las redes de pederastas que operan en la aldea global. Por añadidura, las redes sociales propician un universo digital que exonera del compromiso sellado con la presencia del otro, albergando bajo sí desde los acosos privados devenidos públicos hasta las denuncias infundadas, desde la difusión de la intimidad hasta la banalización del dolor. En la infinitud del ciberespacio nos entregamos dócilmente a esa cultura del espectáculo tan efímera como intangible que se despliega en la asepsia virtual, sin darnos cuenta de que esos simulacros canibalizan lo real y, en ese gesto, nos canibalizan a nosotros.
 
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#1 - Filosofía 2.0

Agradecimientos

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