Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

¿Neomexicanismos? Ficciones identitarias en el México de los ochenta

 

Nada más apropiado, en el contexto de las celebraciones septembrinas que visitar ¿Neomexicanismos? Ficciones identitarias en el México de los ochenta en el Museo de Arte moderno. Esta exposición se ocupa del todavía movedizo y polémico mundo del arte en el México de los años ochentas, donde numerosos artistas decidieron hacer uso de una iconografía que aludía directamente a la cultura nacional, a través del uso provocador de sus temas, signos y símbolos.

La muestra reúne alrededor de 150 obras de los artista Julio Galán, Mónica Castillo, Nahum B. Zenil, Néstor Quiñones, Enrique Guzmán, Magali Lara, Germán Venegas, Graciela Iturbide, Eloy Tarcisio, Adolfo Patiño, Elena Climet, Francisco Toledo y Pedro Valtierra, entre muchos otros. La mayoría de los trabajos son pinturas, conforme a un fenómeno de escala mundial donde hubo un regreso tanto a esta técnica como a la figuración. Sin embargo, el recorrido también incluye esculturas, videos, instalaciones y fotografías.

Lo que llama la atención desde el inicio, es que varios de estos artistas no pertenecieron a lo que ha sido llamado en historia del arte “neomexicanismo”. Por este motivo, es importante puntualizar que no hubo en realidad un movimiento o grupo, con un programa definido, que se llamara a sí mismo con ese nombre. El término, por el contrario, fue acuñado a finales de los ochenta por la crítica de arte. En este sentido, la muestra curada por Josefa Ortega propone que no hubo uno solo, sino una serie de “neomexicanismos” donde convergieron artistas con intereses similares pero utilizando propuestas disímiles, algunas veces hasta encontradas.

El recorrido se inicia con las “Fuentes y antecedentes” del movimiento, donde además del arte chicano y algunas obras de Francisco Toledo y Graciela Iturbide (dos de los artistas más polémicos en una exposición dedicada a neomexicanismo), se encuentran los elementos del imaginario popular rescatados por toda una generación de artistas. Los calendarios, las charolas de cerveza, los cromos de Jesús Helguera y en general todos los elementos del kitsch industrial, fueron retomados como vehículo de expresión y formaron parte de una estrategia dirigida contra el buen gusto y la alta cultura. El dislpay de estos objetos cotidianos y el magnífico santo de Xavier Esqueda son sobresalientes aquí.

Aparecen después otros 4 núcleos temáticos. En “Relicarios y guadalupanismos” se encuentran trabajos que se apropian y subvierten los símbolos religiosos y guadalupanos, tan importantes para el “ser mexicano”. Este es el caso de la obra de Nahum B. Zenil, quien utiliza la imaginería religiosa en un contexto donde tienen cabida las fantasías homosexuales del pintor. Como muchos otros artistas, Zenil buscaba proclamar la cultura gay, la cual no era tolerada ni siquiera en los círculos de izquierda, en donde se profesaba lo que se ha llamado ahora el machismo-leninismo. Otros artistas preocupados por explorar su sexualidad y de los cuales encontramos más adelante extraordinarios ejemplos, son Javier de la Garza y Armando Cristeto.

 En “La patria reapropiada” se analizan las lecturas críticas de los artistas a partir del uso de los símbolos nacionales. “Frida y yo” se centra en la importancia de la pintora para el arte mexicano de los ochentas. Por último, en “El cuerpo: sus sexos y sus géneros”, aparecen obras que reflexionan sobre el cuerpo y la sexualidad. De estas secciones sobresalen el Libro bandera de Adolfo Patiño, así como su “Autorretrato en vida y muerte”. Particularmente atractivas son también las pinturas de Julio Galán “Me quiero morir y Pensando en ti”, así como los autorretratos de Mónica Castillo y el “Homenaje a Frida” de Dulce María Núñez. En todas estas obras se expresa una búsqueda de identidad tanto en el plano cultural como en el sexual y emocional.

Uno de los puntos débiles de la exposición es que omite una problemática fundamental para entender la producción artística en los ochentas: el asunto del posmodernismo en México. Como señaló Olivier Debroise basándose en la lectura de Frederic Jameson, el fenómeno artístico de ese entonces está ligado a un fenómeno socio-histórico más amplio, donde se da una desvalorización paulatina de los sistemas ideológicos, la creación de un mercado de difusión que desborda las instituciones y que desmiente los mecanismos psicológicos de creación, así como un movimiento que contrapone la cultura de lo cotidiano a la alta cultura. Todo esto sucede, además, en un contexto de transformaciones y crisis económicas. Por otra parte, el sentido tan amplio de “neomexicanismos” oculta las diferencias en producciones tan disímiles como las de Toledo y Galán, al tiempo que obstaculiza una mirada más compleja de los grupos de los años setentas, sin los cuales no se entiende mucho de la producción ochentera y sus diversos actores (como en el caso de Enrique Guzmán o Adolfo Patiño). A la par, falta explorar las consecuencias que para la noción más cerrada de neomexicanismo tuvo el Parallel Project de 1988 (proyecto paralelo a la exposición 30 siglos de Arte Mexicano) cuando una serie de artistas fueron promovidos comercialmente como los integrantes del movimiento por la galería OMR.

 Aciertos de la exhibición son su cuidada museografía, con fichas informativas bien elaboradas y numerosas citas de artistas, críticos y curadores que permiten situar mejor las producciones del recorrido. Asimismo, una sala de consulta que contiene los libros fundamentales del movimientoi y una cronología que va de 1977 a 1999. ¿Neomexicanismos? se exhibe desde el 26 de mayo y hasta el 20 de noviembre en el Museo de Arte Moderno, Paseo de la Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec.

i La bibliografía más actual para neomexicanismo es el libro de Teresa Eckmann, Neo-Mexicanism: Mexican figurative painting and patronage in the 1980’s del año 2010. Muy valiosos también son los catálogos El corazón sangrante y Rooted visions. Para el tema es indispensable consultar asimismo el número 17 de la Revista Curare, particularmente los textos de Olivier Debroise y Osvaldo Sánchez.

 

 

Agradecimientos

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