Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

Obstruir, destruir, ocultar

Obstruir, destruir, ocultar: Enrique Ježik en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo

 

Enrique Ježik es un artista contemporáneo argentino que ha trabajado las últimas dos décadas entre las dos puntas de Latinoamérica: México y su natal Argentina. Reconocido principalmente por su escultura contemporánea, Jezik utiliza este recurso para lograr sus performances, intervenciones, instalaciones, videos y hasta excavadoras que penetran galerías. El artista explora a través de su obra la estructura de la violencia, represión, vigilancia y los conflictos geopolíticos. La narrativa violenta de esta recopilación de obras nos hace ver el peso de las obras de Jezik y porqué es que en la última década, se ha convertido en una de las piezas cruciales para el relato del arte contemporáneo mexicano.

Las nuevas técnicas y convenios de museografía han hecho que las exposiciones se vuelvan de una pulcritud impresionante, la tipografía de las cédulas está cuidadosamente escogida y los espacios se configuran para que cada muro y esquina sean elementos diseñados. Estas nuevas técnicas, también, han hecho que estos pequeños elementos se mimeticen cada vez más con los grandes muros y la transparencia de los cristales al punto de que es imposible leerlos y muy difícil de ubicarlos. El MUAC tiene esta problemática y está claramente reflejada en la exposición de Enrique Jezik con su deficiencia de cédulas, hojas de salas, la identificación del tema y el difícil diálogo entre el espacio y el arte.

La exposición está articulada en torno a seis secciones que refieren a conceptos de los dispositivos, espacios y operaciones de la violencia (obstrucción, destrucción, ocultamiento, el cuerpo del enemigo, el teatro de operaciones, y constructivismo sacrificial) en dónde lo ideal sería que cada sala fuera uno de estos temas, sin embargo hay salas en dónde los conceptos están yuxtapuestos y hace que se dificulte la lectura de la exposición.

La muestra comienza con una pieza sobre el pasillo del vestíbulo antes de entrar a la primera sala. Es una pecera de vidrio que contiene huesos humanos y en la parte superior está cubierta por un alambre de púas aludiendo a las cárceles y la imposibilidad de acceder a los restos humanos. En la primera sala se trata con las piezas más fuertes visualmente de la exposición. Tiene peceras con moldes de brazos humanos dando la impresión de piezas del cuerpo en formol mientras que se dialoga con una serie de cajas de acero que resguardan picos y palas las cuales se van llenando de cera –grasa corporal- a medida que se avanza sobre su propio ritmo. En esta sala también encontramos una pieza que advierte a un juego de mesa fatal en donde cuatro sillas de ejecución eléctrica se encuentran alrededor de una mesa cada una con su botón activador de muerte, en donde los jugadores juegan con su propia muerte. Este primer espacio trata con dualidades de significados en dónde la falta de información invita a la interpretación.

Es en la segunda sala en dónde empiezan los verdaderos problemas de museografía y lectura. La sala tiene un énfasis particular sobre la materialidad de lo perenne contra lo efímero sin embargo al introducir una pieza que remite al i-ching la sala en vez de material se vuelve ritual y cambia una vez más de significado. Su trabajo de fotografía es muy básico, y a pesar de que dialoga con lo material, es un recurso utilizado ya una y otra vez. En este espacio se empiezan a notar las dificultades que se tuvo a lo largo de toda la exposición con la iluminación. La iluminación de las piezas es pobre y hace que se opaquen piezas importantes.

La tercera sala tiene de tema principal los conflictos geopolíticos en donde la exhibición de la pieza está mejor lograda. El mapa de madera es una pieza ya expuesta antes en el Museo con la primera muestra de apertura curada por Olivier Debroise. Las mesas de madera violentada con las fronteras políticas y sus videos de bombazos componen una línea visual que remata con el mapa de la fractura política de los municipios de Oaxaca. En esta sala la lectura es obvia y acertada, sin embargo como en las demás salas se pierde.

En la cuarta sala es en donde empieza el conflicto de montaje entre las técnicas, las piezas, los temas y la relación entre los objetos. El público deja de tener una unidad y no relaciona el tema, hace más énfasis en el uso de los materiales y está preocupado más por pasar rápido a través de este caos de piezas. En el muro principal de la sala está dibujado con cenizas un enorme helicóptero de guerra. El trazo de este helicóptero no tiene ninguna virtud estética, si bien está relacionado con la invasión y la violencia no se hace la relación entre el helicóptero y las bombas que están acomodadas en el piso en donde la pieza tiene que ser parte de un todo. Esta es la obra de más jerarquía, sin embargo es la más descuidado y la menos legible.

La última sala definitivamente es la mejor lograda, y no por los recursos museográficos si no porque nada más consta de una pieza que son cristales de vidrio impactados de bala y un audio de balazos. Al entrar en este pieza y estar atraído hacia las redes del cristal impactado y observar sus cualidades de blindaje y espesor, se activa un audio de balazos que inmediatamente hace reaccionar con un susto y un brinco. Es la sala donde verdaderamente se interviene con la pieza y hay un lugar para el espectador. Estamos acostumbrados a observar esa violencia de lejos como cuando se prende la radio y se escuchan las noticias. Las piezas clave de la instalación son las que encarnan la violencia misma, el madero calcinado por el artista y que paradójicamente se encuentran en una sala aislada.

El arte contemporáneo siempre ha tenido que jugar entre los valores estéticos y sociales. Las nuevas manifestaciones implican llevar los sentidos a toda su capacidad, se juega con las sensaciones las impresiones y la reflexión. En esta muestra, Jezik nos demuestra su preocupación por la violencia y los conflictos sociales y políticos. Sería de gran utilidad, para el público en general, tener un marco general de las implicaciones de esta violencia.

 

 

Fotografía: Jorge Salgado

 

Agradecimientos

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