Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

El listón blanco de Michael Haneke

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  1. El día que Da Wiesse Band (El Listón Blanco) de Michael Haneke obtuvo la Palma de Oro en Cannes, esta película ingresó de lleno en una historicidad distinta a la intrínseca del documento. Más allá de lo simbólico del premio, la idea que fluctúa en el film se convirtió en otra, ahora significada por todos los futuros espectadores de la película. Si “algo” se quiso plantar, “eso” germinó y ahora es de todos asequible. Digámoslo sin reticencia, germinó por una interpretación de la crítica. La película habla, la crítica responde y es un nuevo fenómeno el que se instaura.

 

Sinteticemos. Hay dos formas de entender un film, dos tipos de espectadores que a lo largo de la historia de este arte conviven pacíficamente en salas y después del rito tienen (o no) algo que comentar. El primero: incauto, percibe, se deleita o simplemente deshecha el acontecimiento; el segundo: atento, entra de lleno en la experiencia, busca y se pierde, pero permanece atento a una reflexión. En medio de esa experiencia está dispuesto un infranqueable mecanismo de la obra entre lo denotado y lo connotado o si se prefiere, entre lo dado y lo sugerido. Para efectos de redondear esta tediosa reducción, no deja de ser importante el papel del crítico de cine, que oscila y se mantiene a lo largo de todo el fenómeno como el develador de una clave y el detentor de una opinión estética. Nuestros dos espectadores sabrán cómo recurrir a él.

Hay algo en El Listón Blanco ausente en el argumento que fascina e insita a pensar en un elemento narrativo de trascendencia histórica ¿Es ésta una película sobre el origen del nazismo? Resulta más que interesante plantear esta pregunta desde la lejanía de la obra misma, ya que si la respuesta está dispuesta, pertenece a un recurso en que el crítico de cine elaboró algo más que una evaluación estética y de lleno entró en el campo de la interpretación histórica.

No es en primera instancia donde establecemos como espectadores un reconocimiento de la interpretación que ofreció la crítica tan velozmente para esta película, es en un segundo nivel de paráfrasis donde podemos hallar esta inminente forma de comprender el efecto del filme. La crítica, y que se me disculpe la generalización, la crítica que halla la semilla del nazismo, lo hizo lubricando su mayor prerrogativa, la de la interpretación en segundo grado, aquella donde sabemos algo ajeno a la obra, el futuro de un pasado y donde los elementos que denotan un acontecimiento pueden ser desplazados a un fin mayor. La interpretación histórica de signos propuestos en una ficción.

Recapitulemos. Da Wiesse Band es el relato de misteriosos acontecimientos que se suscitan en una aldea alemana, esto a las vísperas de la Primera Guerra Mundial y donde los niños que forman parte de esta sociedad profundamente puritana parecen ser los principales sospechosos. Dentro de esta trama se van desplegando subtramas donde podemos constatar la forma de vida de los principales estratos de esta comunidad, comenzando por la del barón, terrateniente y figura estamental por excelencia; pasando por la familia del pastor, cuyos hijos son los principales sospechosos; hasta una familia de campesinos en cuyo destino recaen las más duras consecuencias del infortunio general. Finalmente la familia del médico, que soporta el primer hecho misterioso pero que a lo largo de la película descubrimos como un tipo moralmente detestable. Este juicio ético en realidad es el que a lo largo de todo el filme es puesto en juego por el director y está en cada espectador establecer su validez en base a una postura histórica y cultural; pero en el caso del médico el carácter de sus acciones pueden ser consideradas detestables desde cualquier óptica.

Así como las actividades y festividades rurales nos dan a entender el avance del tiempo en la narración, éstas se ven acompañadas de desgracias que paralelamente nos introducen en el ciclo de la muerte y la historia. Y en este progreso es donde el otro gran elemento de la narración siempre está presente, el profesor de la comunidad. Hombre relativamente joven que en realidad proviene de otra comunidad y que al interior de la película funciona como vínculo de tiempo (por su narración en off muchos años después) y de análisis racional al no estar relacionado por sangre ni por contrato histórico con esta pequeña comunidad que iremos comprendiendo como una muy homogénea, pero que él, desde su condición extranjera, puede identificar los hechos como extraños e incorrectos.

Mediante este recuento se puede ir vislumbrando una película que retrata las entrañas de un pueblo cuyas particularidades históricas por sí mismas destacan por su profundo moralismo pero que en el contexto de un película de suspenso adquieren un matiz distinto: el de un complejo de castigos, hipocresía y crímenes que permanecen inciertos poniendo al espectador en una doble dinámica, la primera y principal, la de revelar el misterio.

 

 

  1. “Ese pasado del futuro que es también un futuro del pasado” -Jacques Rancière-

Y sin embargo nadie puede atreverse a decir que en El Listón Blanco no está incubada la idea de un impulso histórico mayor. Dos recursos establecen de lleno este vínculo, el primero propuesto por la voz off que inaugura la película: los sucesos que narra esta historia pueden llegar a explicar lo que el futuro le deparó a este pueblo, a eso sólo puede acceder entendiendo la violencia como un código histórico y para llegar a ello debe comprenderse la idea fundamental de esta película: la infancia como receptáculo y continuidad de oscuros procesos psicológicos y culturales (¿?) que devendrán en los adultos que hoy entendemos, construyeron la maquinaria nacional socialista.

El segundo recurso es la puesta en escena propiamente histórica de la trama. Desde la elección de una fotografía en blanco y negro hasta el hecho por el cual, prácticamente nada nos advierte del advenimiento de una modernidad. Tal vez una bicicleta, una máquina segadora, pero en realidad estos elementos aislados funcionan para reforzar la idea de una época cuya estructura y valores se encuentran en un pasado muy distante, pleno en estructuras añejas, prácticamente feudales.

Y si refuerzo alguno se requería, el advenimiento de la Gran Guerra queda inscrito en una escena que detona la idea de futuro inmediato.

A grandes rasgos podemos percibir y estar de acuerdo en el mecanismo que nos conduce a pensar en la continuidad histórica de la “idea incubada” en la película. Sin embargo dicha idea no parece ser el motivo principal que mueve a la obra, al menos no es la mayor ni la más valiosa lectura que merece esta película. Es en la violencia misma, en la reflexión más profunda, incluso mítica donde se invierte la mejor reflexión del guión y la puesta en escena. Dice el personaje del profesor que tal vez al encontrar los motivos de todos estos misterios se pueda comprender el futuro inexistente en esta película. Y entonces, la clave interna está dada.

 

 

  1. "Es un filme sobre las raíces del mal, sobre la perversión de la naturaleza humana. Mi propósito era mostrar cómo aquellos que erigen los principios de manera absoluta se convierten en verdaderos monstruos." -Michael Haneke-

 

Es un filme sobre quienes buscan el pecado, quienes buscan venganza, quienes buscan el goce, quienes buscan ser castigados. Es la idea desenterrada de un pasado visto a través de una comunidad examinada con los recursos que la ficción permite poner en juego.

Ni reducción, ni sobre interpretación existe al crear un vínculo con el nazismo, sin embargo al no ser testigos de ningún rasgo que nos permita identificar visualmente este concepto, debemos pensar que el proyecto es más trascendente al ubicar en la violencia y en el ocultamiento, elementos reflexivos de una historia a futuro. Sin duda es el niño el elemento que desprende una conciencia de la violencia histórica. Estos niños, omnipresentes y hieráticos a lo largo de la trama, crean el vínculo con el futuro de un tiempo oscuro. El misterio y la irracionalidad de sus actos violentos son los mismos que entendemos para la historia del pueblo alemán previo al alzamiento del nazismo como ideología.

Y es así como dentro de este entorno sólo una mente enferma puede hallar en la familia y la comunidad a los responsables de atrocidades como las cometidas, a la vez sólo una mente enferma es capaz de realizarlas. Es en la periferia, en el otro no perteneciente a la comunidad donde se debe hallar al responsable. El profesor es quien acusa y el culpable jamás existirá.

Ideas provistas para hacer del espectador algo más que un testigo. Buscar una respuesta racional sobre un soporte emocional. Prerrogativa de un director que a lo largo de su carrera ha explorado los lados más oscuros de la violencia y la psicología mediante el arte del cine. Y cuando la idea que se elabora en el Listón Blanco es del tamaño de una crítica de la violencia es entonces que vale la pena reparar en los detalles más profundos y no en las ideas más generales. Que la crítica haya creado una reflexión como la explicada no es de ninguna forma demeritoria pero tampoco innovadora, en realidad es muy fácil deducir que se encontraba implícita en la intención de Michael Haneke.

Más allá de nutrir al “nuevo film” en que se convirtió el Listón Blanco después de su laureado paso por festivales y concursos, provee de algo muy sano a la historia del cine, la existencia de esta obra es una comprobación de la posibilidad de crear en la ficción, motivos potentes para seguir reflexionando la violencia y la historia. Y porque no, explicarnos estos profundos motivos de la naturaleza humana que nos convierte en monstruos de los más altos y depurados principios ideológicos.

 

 

P.D. Dos años después otro artista de la violencia es considerado persona non grata del festival de Cannes. Mismo tema, distinta obra.

 

 

 

 

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