Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

Arte, Graffiti y otras heterodoxias

Richard Billingham

 

It's not my intention to shock, to offend, sensationalise, be political or whatever, only to make work that is as spiritually meaningful as I can make it- whatever the medium.
 
 
El fotógrafo y artista inglés Richard Billingham nació el 25 de septiembre de 1970 en Cradley Heath, un deprimido y humilde barrio obrero a las afueras de Birmingham (West Midlands), también conocido como Black Country debido a la producción local de carbón, hierro y acero. A pesar de ser más bien un lugar de paso y de no ser el sitio ideal para vivir, el artista ha basado la práctica totalidad del corpus de su trabajo en esta localidad, en la que con precisión de entomólogo ha recogido un diario visual tan sórdido como tierno y candoroso, a la vez que ofrecía un demoledor retrato autobiográfico. Es posible que Billingham no sea un gran fotógrafo como pueden ser Jeff Wall, Candida Höfer o Thomas Struth (aunque sus fotos puedan tener un valor económico parejo). Sin embargo sabe como nadie captar la melancolía del estado humano y animal, dentro de la llamada sociedad postindustrial. Su obra es una obra romántica y melancólica, no tanto crítica, como se viene diciendo desde tiempo atrás. Su obra trata de un tema universal: la soledad. Las miradas perdidas al frente, la sensación de buscar el tiempo perdido… no existe una indagación conceptual exhaustiva; todo en él es nostalgia.
 
Cuando sólo contaba con 10 años de edad su padre, Raymond (Ray) Billingham fue despedido de su trabajo de maquinista en una fábrica local. Ante unas opciones de trabajo tan limitadas Ray se limitó a no hacer nada salvo beber durante el resto de su vida, con lo que, cuando se agotó el subsidio por desempleo, la familia se vio obligada a vender la casa en la que residían para trasladarse a un piso de protección oficial. En esta situación tan desesperada, con un frigorífico casi vacío, un jovencísimo Richard encontró refugio en el dibujo, donde descubrió un talento natural para pintar todo lo que se cruzaba por su mirada, principalmente vehículos y animales. Los estudios en una escuela pública no se le dieron mal, y a pesar de elegir las asignaturas de química, física y biología para examinarse de sus A-Levels, estaba convencido de acudir a una escuela de arte después de graduarse. Tras 16 solicitudes rechazadas por parte de las elitistas academias inglesas, Richard fue aceptado para una beca en el Bournville College of Art, para después graduarse en Bellas Artes en la University of Sunderland en 1994. Ese mismo año participó en su primera exposición conjunta titulada Who’s Looking at the Family en la Barbican Art Gallery de Londres,  para realizar el año siguiente su primera exposición individual en la galería londinense de quien todavía hoy es su marchante, Anthony Reynolds.
 
Fue precisamente Reynolds quién puso a Billingham en la órbita del coleccionista multimillonario Charles Saatchi, quien revolucionó la escena del arte contemporáneo en 1997 con su exposición Sensation en la Royal Academy de Londres, que junto a la exposición Freeze (1988)  fue considerada por muchos especialistas como un momento esencial en la historia del arte británico contemporáneo. A pesar de no ser la primera exposición que Saatchi organizaba sobre jóvenes artistas británicos, Sensation consiguió agrupar a un grupo inigualable de 42 creadores entre los que se encontraban Damien Hirst, Marcus Harvey, Tracey Emin, Jake & Dinos Chapman, Jenny Saville, Fiona Rae, Rachel Whiteread, Sarah Lucas, Gary Hume, Douglas Gordon y Paul Graham, además del propio Richard Billingham. Este grupo heterogéneo cautivó a la escena artística del momento con su vitalidad y creatividad y fue bautizado bajo el nombre genérico de YBAs (Young British Artists).
 
“Young, new, energetic, dynamic, cocky, cockney, rebellious (but not to rebellious, not Marxist or communist or anything old-fashioned like that), sexy, successful, scandalous (in just the way that attracts the media and draws the crowds) and above all profitable and British…”
 
 
Gracias a la publicidad que otorga estar en la esfera del todopoderoso Saatchi, y al convertirse en uno de los máximos representantes del YBA, su trabajo se ha dado a conocer por todo el mundo en exposiciones individuales celebradas, entre otras ciudades, en Nueva York (1997), Londres (1998), Roma (1999), Birmingham (2000), Dublín (2002), Budapest (2003), Bruselas (2004) y Madrid (2005), además de exposiciones colectivas, como Full House (Junge Britische Kunsten) en el Kunstmuseum Wolfsburg de Alemania (1996-1997) o en la Biennale di Venezia (2001). En 1997 además ganó el Citybank Private Bank Photography Prize y en el año 2001 fue nominado para el Turner Prize (que finalmente ganó Martin Creed) por la  exposición individual que realizó en laIkon Gallery de Birmingham, además de por sus contribuciones a las exposiciones The Sleep of Reason (en la Norwich Gallery) y Body Beautifulde la Galerie Jennifer Flay.
A continuación les presento algunas de las series fotográficas más importantes de la carrera de este artista:
 
RAY’S A LAUGH
 
Mientras el joven Richard enviaba solicitudes a las más importantes escuelas de arte del país, no dejaba de practicar la realización de retratos con los miembros de su familia (en particular con su padre Ray, puesto que no era muy difícil hacer que posase en la cama, ya que eso era todo lo que hacía durante el día). Sin embargo tenía que ser muy rápido en la realización de esos retratos, ya que a los 15-20 minutos su modelo empezaba a moverse y a pedir una cerveza. Por ello, y ante la imposibilidad de dibujar algo más elaborado, comenzó a sacar fotografías de los miembros de su familia, con el fin de poder dibujarlos en detalle sin el peligro de que sus modelos se levantasen de repente arruinando cualquier posibilidad de éxito en su tarea. El artista realizaba tal cantidad de fotografías que llegó un punto en el que sus familiares ya ni posaban para la cámara, lo que ayudaba a reflejar con naturalidad el día a día de su hogar. Como al principio no tenía dinero para un revelado a color  aprovechaba el cuarto oscuro del Bournville College of Art en el que estaba becado, para revelar sus primeras imágenes en blanco y negro.
 
I was living in this tower block; there was just me and him. He was an alcoholic, he would lie in bed, drink, get to sleep, wake up, get to sleep, didn’t know if it was day or night. But it was difficult to get him to stay still for more than say 20 minutes at a time so I thought that if I could take photographs of him that would act as source material for these paintings and then I could make more detailed paintings later on. So that’s how I first started taking photographs.
 
 
Con el tiempo Billingham fue dándose cuenta que las fotografías constituían una obra de arte en sí mismas, al componer una cruda revisión del realismo crítico documental, que traducía al lenguaje del arte tanto la atmósfera del nuevo cine británico (con Ken Loach a la cabeza), como la caspa que comenzaban a desprender los reality shows en la televisión de la Inglaterra de Thatcher. Las imágenes fueron realizadas con el material fotográfico más barato que pudo encontrar, con lo que se logra un enfoque defectuoso y un tratamiento del color que deja mucho que desear para una fotografía comercial, pero que en ese contexto contribuyen a dotar a las imágenes de franqueza y cruda autenticidad. Para sus imágenes, Billingham se inspiró en la naturalidad de los desnudos en la cama del impresionista británico Walter Sickert.
 
In all these photographs I never bothered with things like the negatives. Some of them got marked and scratched. I just used the cheapest film and took them to be processed at the cheapest place. I was just trying to make order out of chaos.
 
 
Cuando esta obra se expuso por primera vez en la Anthony Reynolds Gallery el elitista mundo artístico quedó estupefacto ante Billingham (Juliana Engberg, curadora, escritora y directora del Australian Centre for Contemporary Art- ACCA, calificó expresivamente esta exposición como un “bolt out of the blue”). Su persistencia en trabajar con lo cercano y lo experimentado le situaron rápidamente como uno de los referentes más destacados entre los jóvenes artistas, que defienden el ámbito de su privacidad como el material interiorizado para la creación. Por primera vez en mucho tiempo un artista había logrado demoler la estética de la fotografía tradicional al dar a conocer su baja extracción social con esta serie de fotografías que  constituían un diario visual autobiográfico de la realidad y el drama en el que vivían muchas familias durante la crisis de la sociedad post-industrial de principios de los 90 (aunque el artista ha negado repetidas veces cualquier implicación de índole política en sus fotografías).
 
 
Los padres del artista, Raymond (Ray) y Elisabeth (Liz), contrajeron matrimonio en 1970, poco antes de que él naciera, y cuando las fotografías fueron tomadas, acababan de reanudar su convivencia, tras pasar 2 años separados debido al alcoholismo crónico  de Ray, quien seguía sin trabajo. Durante ese tiempo Liz había vivido sola con Richard y con su rebelde hermano pequeño Jason y había cambiado la casa a su gusto, llenándola de numerosas muñecas, puzzles, perros y gatos, en un comportamiento que un psiquiatra diagnosticaría en un cuadro clínico como una mezcla entre Síndrome de Diógenes y Síndrome de Noé.
 
 
My dad had moved into my mum’s place by this time and I could not believe how it looked. She’d had two years away from my dad so she had created her own psychological space around herself that was very “carnavalesque” and decorative. There were dolls, jigsaws everywhere. She’d got load of pets by this time; she had about ten cats… two, three dogs.
 
 
Todo esto hacía que las humildes y agobiantes habitaciones de la casa estuviesen en un continuo caos y cargadas de un aire kitsch y enrarecido. En este marco incomparable es donde convivieron los cuatro miembros de la familia (aunque curiosamente Richard nunca aparece en las imágenes) junto con abundantes animales de compañía:
 
“My father Raymond is a chronic alcoholic. He doesn’t like going outside (…) Dad was some kind of mechanic, but he’s always been an alcoholic. It has just got worse over the years. He gets drunk on cheap cider at the off license. It is so cheap now. He drinks a lot at nights now and gets up late. Originally, our family lived in a terraced house, but they blew all the redundancy money and, in desperation, sold the house, then we moved to the council tower block, where Ray just sits in and drinks. That’s the thing about my dad, there’s no subject he’s interested in, except drink” 
 
 
“My mother Elisabeth hardly drinks, but she does smoke a lot. She likes pets and things that are decorative (…) My mum will be looking at a book and if she hasn’t got full concentration on it she will say, ‘Pass me a fag, Ray’”
 
 
“Sometimes Jason is there, sometimes he isn’t. He lives at a lot of different addresses. Now he’s got a kid. When I used to come home from college, he was in care (when he was 11). He ended coming back to Mum and Dad to do his A-levels, but after about a month he didn’t bother getting up in the mornings and just jacked it in. He said he had no freedom when he was in care. Now he has loads. He just didn’t have any motivation.” 
 
 
Todos estos personajes junto con la constante presencia de perros y gatos en las imágenes, componen un bizarro álbum familiar de una crudeza y autenticidad únicas. Las imágenes son tan sinceras y hacen tan explícito lo íntimo, que colocan a la familia en una situación de tremenda vulnerabilidad con respecto al exterior (aunque sus padres nunca se inmutaron por la trascendencia internacional que alcanzaron sus fotografías). Esto sitúa a la obra de Billingham en una posición a medio camino entre el voyeurismo extremo y la crítica social al actuar como un (auto)retrato que refleja la depravación y la pobreza en la que el artista creció.
 
A primera vista tanto Liz como Ray aparecen como grotescas y repulsivas figuras de esperpénticos comportamientos. Sin embargo, por encima del evidente sentimiento de rechazo que determinadas imágenes nos generan, existe una intensidad emocional que predomina en toda la obra. No existe ni un ápice de crítica o reproche hacia sus padres por parte de Richard, sino más bien una candidez y una ternura que sólo puede ser expresada por parte de un hijo. La complicidad entre Richard y su familia que hace que al momento de retratar todas las situaciones que ocurren entre las paredes del hogar, el discurso se separe del caos y la anarquía familiar para transmitir inocencia envuelta en un particular halo de tristeza y melancolía. Sólo así se explica como el artista ha logrado capturar instantes y detalles conmovedores en medio de la lamentable situación que se vivía en la casa, como en esta imagen en la que Liz le da a Ray un plato de comida y este extiende los brazos y se lo agradece con una sonrisa que le ilumina la cara.
 
 
Toda esta colección de imágenes fue recopilada y publicada en 1996 por la editorial Scalo en el libro Ray’s a Laugh, que sigue el estilo crudo del libro Ballad of Sexual Dependency de Nan Goldin y de los libros y cómics de R. Crumb. El libro también incluye extractos de textos autobiográficos del artista sobre sus recuerdos de juventud, aunque estos palidecen ante la carga emotiva y la resonancia simbólica que contienen muchas de las imágenes. El título de esta publicación es un extracto de una frase demoledora pronunciada por Jason, el díscolo hermano pequeño de la familia, y resume a la perfección los sentimientos contradictorios de repugnancia y compasión que Ray puede despertar en el espectador:
 
“Ray’s a laugh… but I don’t want to be like him”
 
 
Tras el éxito de estas instantáneas, Billingham pasó al formato del vídeo Hi8 en 2 ocasiones con el fin de reflejar de manera diferente la misma realidad doméstica (los links son breves extractos de esas películas):
 
Fishtank: Se trata de un video comisionado por Artangel en el que el artista filma a todos los componentes de su familia en situaciones cotidianas dentro del ambiente claustrofóbico de su piso. Para obtener los 47 minutos que dura el video, Billingham filmó más de 50 horas durante un periodo de 2 años seguidos. Se pueden ver momentos de diálogo, de agrias discusiones, de profundos silencios, además de escenas pretendidamente divertidas, pero que nos hacen sentir una tremenda compasión hacia Ray, como cuando intenta perseguir a una mosca estando completamente borracho, o cuando está en la cocina y tose sonoramente para que su mujer no le escuche abrir una lata de cerveza, mientras se oye la voz de Liz desde la otra habitación “If you’re drinking Ray, I’ll clobber you”. También vemos cómo el artista se fija en diminutos detalles de sus padres mediante un zoom con el que se centra en cómo se ha aplicado su madre el lápiz de ojos o cómo es el cuello y la cara de Ray.
 
Playstation: Para este video, presentado en la Biennale di Venezia en el año 2001, Billingham tomó de nuevo a su hermano Jason como modelo mientras jugaba frenéticamente a la Playstation, que sirve como muestra de la adolescencia actual que consume sus horas jugando ante la pantalla. Durante la Bienal este video se proyectó junto a tres fotografías en blanco y negro de Ray que lo dotan de una dignidad casi monumental.
 
BLACK COUNTRY
 
En 1997 Billingham pasó a interesarse por las fotografías de paisajes, pero sin perder por ello el carácter autobiográfico que envuelve toda su obra, ya que eligió localizaciones significativas para él en el entorno de Cradley Heath (Black Country), con el fin de hacer un retrato “docuindustrial” para rememorar las sensaciones de su propia infancia. Esta serie se subdivide en dos, coincidiendo con dos etapas en la vida del artista:
Daytime:  En estas imágenes de viviendas de ladrillo, verjas, descampados, calles, patios y aparcamientos tan aparentemente superfluos, realizadas en 1997 con una cámara barata, la vida espontánea de la naturaleza se cuela entre los resquicios de un urbanismo modesto. 
 
Son paisajes urbanos desiertos y casi ruinosos con elementos propios de un ambiente a medio camino entre lo rural y lo industrial que constituyen la versión popular, low-culture y a la inglesa del paisajismo, un género que la mayoría de los artistas británicos contemporáneos siguen considerando obligatorio cultivar, con el firme convencimiento de que lo más corriente puede ser significativo para un público amplio. Sería posible llegar a leer estas imágenes desde un punto de vista social o incluso político, aunque lo que se pretende es estimular la curiosidad del espectador para que se pregunte acerca de la importancia objetiva y subjetiva de estos asentamientos.
 
 
Nightime: En 2003 Billingham visita esta misma localidad para comprobar cómo y cuánto había cambiado su relación con aquellas calles. Sin embargo esta vez acude con un fotómetro y con un trípode para fotografiar el entorno urbano de noche, mediante largas exposiciones con una cámara de medio formato. En esta ocasión las calles vacías contienen un halo de misterio y de cierta magia desprovista de cualquier temática social que demuestra cómo el color influencia el modo que tenemos de interpretar las imágenes.
 
 
Esta serie fue comisionada por The Public, dando como resultado otro libro de imágenes por parte del artista. 
 
ZOO
 
La historia del arte antiguo nos ha obsequiado en multitud de ocasiones con representaciones muy diversas del mundo animal; desde los dibujos de fauna salvaje (búhos, liebres, leones y rinocerontes) de Albrecht Dürer, o los leones del Daniel en la Fosa de los Leones de Rubens hasta las selvas simuladas de Henri Rousseau “El Aduanero” o la contemplación de unos venecianos enmascarados del rinoceronte Clara (al que le han arrancado su cuerno) en la obra realizada por Pietro Longhi en 1751. Dentro de la más inmediata contemporaneidad podemos encontrar los dioramas fotografiados por Hiroshi Sugimoto o la pieza que el británico Douglas Gordon realizó en 2003, llamada Play Dead, en la que en un loop perpetuo, un elefante amaestrado, proyectado a tamaño natural, se hace una y otra vez el muerto.
 
Durante los años en los que Billingham malvivió con sus padres en un claustrofóbico piso de protección oficial, uno de los pocos libros que había en la casa era un modesto tomo de 37 peniques sobre mamíferos británicos que se leyó varias veces de principio a fin, llegando a desarrollar una auténtica fascinación hacia los animales. Por ello cuando su madre Liz falleció en 2004 y él tuvo la responsabilidad de limpiar el piso, rescató del álbum de fotos familiar unas extrañas y olvidadas fotografías tomadas por su madre de Richard y su hermano Jason realizadas en el zoológico de Dudley en los años 70. Billingham describe las fotografías de su madre como muy infantiles; se trata de imágenes borrosas y muy inseguras tomadas con cámaras muy simples para películas de formatos Pocket 110 y 126 en las que el espacio ocupado por los animales en cada toma es casi fortuito. Algunas de estas fotografías fueron enmarcadas y colgadas en las paredes del salón junto con las demás fotografías familiares. Cuando pensó en esto, se dio cuenta de que “al visitar a mi madre antes de morir, no les había prestado atención. Parecían tener más significado ahora que el piso estaba vacío”. Encontrarse con estas fotografías le recordó algo que había sido olvidado: ese extraño encuentro entre la sensación de estar maravillado y la banalidad actual. Más aún, se dio cuenta de que no había observado seriamente las fotografías familiares dentro del contexto de su propio trabajo con anterioridad. Estos trabajos sugieren la pregunta: ¿qué traemos con nosotros cuando nos encontramos con animales de zoológico? ¿Un deseo por lo exótico, fantasías de poder y control, un deseo de encuentros imposibles?
 
Para encontrar respuestas a estas preguntas el artista recorrió durante 2 años zoológicos de pequeñas ciudades de  Reino Unido, Europa y Sudamérica muchos de ellos envejecidos y semiabandonados, registrando en 35 videos y numerosas fotografías (con un estilo aparentemente amateur) el comportamiento animal ante la soledad, el abandono y la reclusión. También se adentró en la lectura del texto de John Berger Why we Look at Animals? (1977), donde el escritor examina el dualismo en la relación histórica del hombre con los animales:
 
 “Zoos, realistic animal toys and the widespread commercial diffusion of animal imagery all began as animals started to be withdrawn from daily life” John Berger
 
 
En el trabajo de Billingham los encuentros con los animales son incómodos. Experimentamos una poderosa sensación de encierro. Las imágenes que uno puede anticipar dentro del contexto del zoológico están frustradas. Los animales en el zoológico, por ejemplo, no necesitan buscar comida, quedando así con largos períodos de tiempo que deben llenar. El aburrimiento y la disrupción de su orden social natural, crea aberraciones en sus comportamientos naturales y su comportamiento social es, por lo tanto, visible, y a veces angustiosamente, hiperactivo. 
 
Como observadores humanos somos sensibles a las manifestaciones visuales de estos comportamientos, porque somos capaces de asociarlo con manifestaciones de la ansiedad, agresión y estrés que reconocemos en la vida urbana.
 
Las fotografías de gran formato definen el lugar que habitan los animales, en la realidad así como en el concepto cultural. Lo que demuestran es una serie de escenarios elaborados donde una amplia variedad de criaturas, mayormente nacidas en cautividad, representan los mismos papeles que sus homólogos en libertad, en un ambiente creado por el hombre, donde el público puede observar, de manera segura, cómo se exhiben para nuestro entretenimiento.
 
 
Sin embargo son los trabajos en vídeo los que mejor reflejan la proximidad esencial entre los comportamientos de humanos y animales en ambientes confinados. Se ha propuesto, por ejemplo, que el movimiento estereotípico (común a todos los seres confinados, ya sean humanos o animales), pueden “facilitar la producción de una secreción hormonal que reduce la ansiedad”. 
 
Esta observación ha sido aplicada igualmente a habitantes de prisiones y zoológicos. Nuestra relación con el reino animal es, como se ve en las pinturas rupestres, sujeto de las primeras formas de expresión visual. Desde la antigüedad esta tradición ha continuado creciendo, con muchos artistas y, más recientemente fotógrafos, volviendo su atención hacia los animales, ya sea cautivos, domesticados o en libertad, haciendo a veces paralelismos con el comportamiento de los seres humanos (en este caso las similitudes entre las series de Zoo y Ray’s A Laugh resultan más que evidentes).
 
Una vez inmerso en el desarrollo de estos trabajos en vídeo, Billingham reduce la proximidad de la cámara al cerramiento y empieza a usar una cámara de formato medio para considerar la composición del encierro de la figura dentro de un encuadre tridimensional. Estas imágenes fotográficas refuerzan el hecho de que es el campo de visión humano el que marca los parámetros del encierro animal. El efecto de la combinación de las fotografías y vídeos no es clínico ni desapasionado, si no más bien uno de empatía. Si se pudiese hacer un paralelismo con el comportamiento humano, debería quizás hacerse con el mismo artista, siempre obligado a hacer, para el consumo del público, una exhibición de sus más profundas preocupaciones. 
 
 
Las imágenes de Billingham muestran un león dormitando contra los herrumbrosos barrotes de una jaula descascarada, un gorila inmóvil en su nido artificial, mandriles observados en el interior de su calco de selva, un oso panda al fondo de su recinto, un rinoceronte aislado entre los barrotes y la piscina vacía de su cercado, o la silenciosa danza inútil y reiterativa de los elefantes del vídeo Elephants II y el tonto ir y venir permanente y mudo de una foca en su acuario de Seal. Pero en su aparente pobreza van más allá del documental de ciencias o de la defensa de los animales. No únicamente por su factura, en la que la vocación pictórica de Billingham no le lleva al exceso del pictorialismo y mucho menos a la pompa o suntuosidad técnicas, logrando un acabado que parece extender y desplegar más la cromía de la imagen -verdes, tierras, grises- que sus formas, sino en el cuento o fábula que declinan y que, inexorablemente, como el punto de vista mismo de la fotografía o el vídeo, deja al espectador “fuera” de la imagen y, por así decir, del texto. Richard Billingham reúne a los observadores (incluido el espectador) y al animal observado en un todo que, por así decir, rehuye lo exótico y fantasioso para facilitarnos únicamente las malandanzas compartidas, los sueños frustrados, el encierro simultáneo.
 
 
Esta serie fue comisariada por VIVID y se exhibió por vez primera en la Compton Verney Art Gallery de Warwickshire.
 
WALTER
 
La vida de Billingham en la actualidad ha cambiado mucho con respecto a los primeros años que retrató en su libro Ray’s a Laugh, puesto que vive con su mujer y su hijo pequeño Walter en la localidad costera de Brighton mientras da clases de fotografía  en la facultad de Bellas Artes de la University of Gloucestershire. Es precisamente el pequeño Walter quien recibe ahora toda la atención del objetivo de la cámara de Billingham a medida que va paseando por la casa descubriendo el mundo. Una de las imágenes más tiernas fue captada por el artista cuando  Walter tenía 5 o 6 meses y se encontró cara a cara en el salón con Fred, el enorme galgo de la familia. A pesar de la evidente situación de peligro, el artista acertó a sacar una fotografía rápida antes de coger a Walter en brazos (de ahí la mala calidad de la imagen). El resultado es una divertida escena, con una simetría inesperada, que a pesar de su mala resolución, transmite a la perfección la candidez e inocencia del momento.
 
 
© http://artesigloxxi.wordpress.com
 

Tierno, feroz e irracional: Amor perro

González Iñárritu, Alejandro, Amores perros, México, Altavista Films, 2000, 153 mins.

Abstract:

En el presente escrito se reseña con detenimiento la película mexicana Amores perros. La reseñista sostiene que la película nos ofrece una oportunidad para reflexionar en torno a una de las maneras en que los humanos aman. Una manera que es semejante a la del irracional e instintivo pero tierno amor del perro. La reseña es, en sí, una disección de lo irracional del amor y de algunas de las implicaciones de tal forma de amar.   

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MOAC:Los Angeles - Exposición sobre graffiti

Art in the streets es la primera gran exposición en Estados Unidos en torno a la historia del graffiti y el arte callejero.

 

Foto: Brian Forrest / Moca.org

 

Más que las imágenes, los dibujos o los murales, lo que siempre me ha interesado del graffiti es leer las palabras. De hecho, el término “graffiti” fue asignado a estos artistas callejeros no por ellos, sino por periodistas y críticos de arte. A finales de los setenta los artistas del graffiti se llamaban a sí mismos escritores.

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Dios ha muerto, viva Camarón

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo inaugura tres exposiciones, donde la música aparece como fuerza social

 

Dos visitantes ante la obra Graffiti celestial', un retrato de Camarón de la Isla, realizado por Alonso Gil.-Laura León

 

La música amansa a las fieras de la crisis. O, al menos, intenta buscarle respuesta, lejos del pensamiento único: "No queremos que sea un lugar tan sólo de ocio, sino que buscamos fomentar el pensamiento crítico y quizá encontremos vías de solución al momento en que nos encontramos"

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Mónaco celebra 40 años de graffiti “arte bajo presión”


Hay sólo 40 años, el New York Times publicó un artículo en el etiquetador Taki 183, revelando al público en general una expresión gráfica que iba a invadir el mundo: el graffiti, el más alto desde el nivel del arte y destacó la estado en el Forum Grimaldi en Mónaco.

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