Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

MOAC:Los Angeles - Exposición sobre graffiti

Art in the streets es la primera gran exposición en Estados Unidos en torno a la historia del graffiti y el arte callejero.

 

Foto: Brian Forrest / Moca.org

 

Más que las imágenes, los dibujos o los murales, lo que siempre me ha interesado del graffiti es leer las palabras. De hecho, el término “graffiti” fue asignado a estos artistas callejeros no por ellos, sino por periodistas y críticos de arte. A finales de los setenta los artistas del graffiti se llamaban a sí mismos escritores.

 

Ellos decían: “Vamos a escribir” o “¿Eres escritor?” o “¿Qué escribes?” Producto de la cultura de pandilla, ésta era una escritura que se utilizaba para transmitir información a los miembros de la banda o a otras bandas. Era una forma de comunicación en la que los muros y los trenes subterráneos de Nueva York eran páginas donde se leían palabras al margen de la ley. Hoy esas palabras e imágenes han dejado las calles y se han mudado, lejos del viento, del sol y de la lluvia al Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles. Sobre todo, las imágenes que acompañan el texto se han mudado lejos de la policía: de los muros a los trenes a las prisiones y hoy, al MOCA.

Como se advierte en las notas del catálogo, esta retrospectiva es la primera gran mirada norteamericana al graffiti y al arte callejero. Bajo la curaduría de Jeffrey Deitch, director del MOCA, en colaboración con Roger Gastman y Aaron Rose, la exposición hace el registro del desarrollo del graffiti y el arte callejero desde la década de los setenta hasta el movimiento global en el que se ha convertido hoy en día, centrándose en ciudades clave como Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Londres y Sao Paulo, donde se desarrollaron un lenguaje visual y una actitud original. La exposición presenta pinturas, esculturas e instalaciones interactivas de 50 de los artistas más dinámicos y enfatiza el rol de Los Ángeles en la evolución del graffiti y el arte callejero, con secciones especiales dedicadas a movimientos locales de gran influencia en la evolución de nuevas ideas, tal como el graffiti de los cholos y la cultura de los skatos de Dogtown. Una cronología con imágenes, fotos, video e instalaciones efímeras provee de contexto histórico a las obras.

Asistí a la exposición con la doctora Suzanne Mallouk, ya que nosotras fuimos parte del ambiente del Lower East Side de finales de los setenta y principios de los ochenta. Al caminar por las amplias salas del museo las indicaciones son familiares: se permite el uso de cámaras, pero sin flash. No podemos tocar las obras, hay alarmas por todas partes y los guardias, que en otro tiempo podían golpear al escritor callejero con su macana por andar grafiteando, ahora vigilan las piezas con reverencia.

Como solía hacer en las calles de Nueva York, recorrí la exposición en busca de la escritura. Hay una sala que es la reproducción del estudio de Rammellzee, cuidadosamente reconstruido por su viuda, Carmela Zagari, y el artista Koor. Rammellzee llamaba a este espacio “la zona de combate” y contiene sus criaturas robot en patineta: cada patineta representa una letra del alfabeto. También hay una sala que reproduce la Fun Gallery de Patti Astor, la primera galería en Nueva York que exhibió el arte del graffiti y que jugó un papel decisivo en llevar la cultura del hip hop a la corriente dominante y blanca, del mundo del arte.

La exposición incluye varios vehículos famosos. Estacionados en la entrada están el Buick Special “auto artístico” original de Keith Haring y el Cadillac modelo 61 de Kenny Scharf, el cual tiene adheridos juguetes y un astronauta. El loco camión de helados de Mr. Cartoon, que está cubierto por todo tipo de dulces, así como la enorme instalación Main Drag (Calle Principal) de Margaret Kilgallen. Kilgallen, que murió en 2001, dejó una obra inspirada en sus estudios acerca de las señas de los vagabundos sobre los trenes y sus letreros hechos a mano que encontraba en la calle. Como Rammellzee o Jean-Michel Basquiat, ella siempre se interesó en las palabras. Teen Witch (Andrea Sonnenberg) está representada con sus perturbadoras fotografías. En estas paredes, una de sus fotos muestra la estremecedora imagen de una jovencita con un sangrado de nariz o, pregunta la propia imagen, ¿será que le pegaron en la cara?

Gran parte de la exposición está dedicada al graffiti de los cholos, que surgió de los miembros de las bandas mexicano-americanas. Es bueno ver a la vieja escuela, representada por las piezas de Chaz Bojorquez, por ejemplo, que comenzó a trabajar sobre los muros de LA en 1969. Una parte del graffiti cholo está influido por el muralismo y mezcla español e inglés. Leo: “Indio flaco gringo kiwi rifa chiquen”.

Koor, quien era parte del ambiente de los grafiteros en Nueva York de principios de los ochenta, tiene una obra sobre un muro enfrente de los autos de Haring y Sharf. Los místicos trazos de su alfabeto están hechos en forma de laberintos, cohetes y pirámides que parecen venir de un lugar entre la tierra y el espacio sideral. Al ver a Koor, puedo sentir a la pequeña banda callejera de fantasmas a su alrededor. La banda de fantasmas está formada por: Dondi, A-one, Bear 167, Jean-Michel Basquiat y Rammellzee. Algunos de estos fantasmas llegaron a firmar sobre trenes subterráneos y muros como TDS, the Death Squad, es decir, El Escuadrón de la Muerte.

El alfabeto de Koor está basado en la transformación de la letra “B”. Sus obras a menudo contienen los caracteres: BRK13. Su interés se inclina por la escritura jeroglífica, creando alfabetos que habitan laberintos o laberintos que habitan pirámides. Su apodo es Rook (torre), pero al revés. Leer graffiti significa siempre leer al revés o encontrar la clave para descifrar el código, que sólo tu propia banda conoce. Ciertamente, leer al revés es siempre el primer paso para entender la escritura de las paredes. Al describir este fenómeno o esconder símbolos, Koor dice: “Tienes que entender mi mano”.

Hay maestría en el uso de una lata de pintura en aerosol. Es necesario agitar la lata lo suficiente para que la pintura no deje gotas, lo que los artistas grafiteros llaman “lágrimas”. Si la pintura gotea demasiado, se le llama “llorar”. Recuerdo una vez que caminaba calle abajo sobre la Primera Avenida, cruzando la plaza del parque Tompkins, leyendo un graffiti cuyo llanto azul escurría hasta la base del muro. Las letras redondas en forma de globo decían: “He makes me eat meat” (Él me hace comer carne.) Debajo de estas letras se leía: “Why do father’s walk out on their kids?” (¿Por qué los padres abandonan a sus hijos?).

Me acuerdo de Jean-Michel Basquiat, que firmaba sus pintas bajo el pseudónimo de SAMO, cubriendo los muros del Lower East Side un verano. Escribió con letras enormes: “¿Cuál de las siguientes instituciones tiene mayor influencia política?: A) Televisión. B) Iglesia. C) SAMO. D) McDonald’s?” Este muro está inmortalizado en una fotografía de Lisa Kahane (una de las pocas personas que documentó el Bronx tras los disturbios de 1979 y que mostró la destrucción, el racismo y la pobreza de este barrio).

En la ciudad de Los Ángeles, si te pescan haciendo una pinta te obligan a limpiarlo y a pagar una multa. En algunos casos puedes ir a parar a la cárcel. Hoy, en la ciudad de Los Ángeles hay un museo repleto de obras de forajidos pero no hay un altar por aquellos que murieron por la escritura. ¿Dónde están las velas encendidas por Michael Stewart? Siete policías lo golpearon hasta matarlo por pintar sobre un tren subterráneo. ¿Y dónde están las plegarias por la banda de los fantasmas? Uno de ellos debería haber escrito con aerosol rojo: PIR NEMA PIR NEMA.

 

La exposición, abierta el pasado mes de abril, concluye en agosto su presentación en el MOCA para luego trasladarse al Museo de Brooklyn, en Nueva York, donde se exhibirá del 30 de marzo al 8 de julio de 2012.

Agradecimientos

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