Un mundo de olímpicos y tanatoides.
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Los infinitos, de John Banville, narra la agonía de un matemático revolucionario mientras a su alrededor su familia y algunas inesperadas deidades tejen una exuberante coreografía
LOS INFINITOS de John Banville, ed. Anagrama, Trad.: Benito Gómez Ibáñez, Barcelona. 2011.
A un escritor no se le enseña a escribir. Aunque al parecer, eso es lo que pretenden hacer con John Banville los críticos en lengua inglesa, que han recibido su última novela, Los infinitos , con elogios de ceño fruncido y velados reclamos de mayor austeridad discursiva, diplomáticamente hablando. Quizás ellos conozcan voces más alentadoras de la narrativa actual que este irlandés de 65 años nacido en Wexford que ya nos encandiló con novelas como Eclipse , Imposturas y la ganadora del premio Man Booker 2005, El mar . De todos modos, mal pueden pesarle los remilgos de la crítica a quien ha recibido elogios incontestables de boca de George Steiner, Martin Amis y Claudio Magris. La exitosa incursión de Banville en el policial negro bajo el seudónimo de Benjamin Black, con títulos como El otro nombre de Laura y El lémur , parece haberlo liberado de cualquier impulso complaciente, y en Los infinitos el autor se entrega una vez más y sin reparos a la ambición literaria llana y pura.
Las palabras últimas
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Por fin publicados en español, los cursos que Michel Foucault dictó, pocos meses antes de su muerte, en el Collège de France entre febrero y marzo de 1984, exploran los vínculos entre la verdad y la vida
Michel Foucault, El coraje de la verdad, Traducción: Horacio Pons, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2011
El coraje de la verdad es la transcripción del curso impartido por Michel Foucault en el Collège de France entre febrero y marzo de 1984. Se trata de un texto fundamental no sólo por tratarse del último curso que diera el filósofo antes de morir, sino porque en él se completa el viaje a la Antigüedad que el filósofo iniciara a principios de los años 80.
La pasión de pensar
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Javier Marías, Los enamoramientos, Ed., Alfaguara. Madrid, 2011.
El laboratorio literario de Javier Marías ha regresado al orden civil y sentimental -a la vida moral- tras la fastuosa excursión vivida en busca de Tu rostro mañana (2002-2008). Con ella abrió a la ideología y la historia política el foco narrativo y Los enamoramientos ha vuelto a ceñirlo para concentrarlo. Las figuras literarias de Marías tienden a ser organismos mentales que especulan y piensan sin acertar nunca del todo en la certeza porque ese es el juego: la verdad es una maraña, se repite varias veces en esta novela, e incluso nada es lo que parece en ella a simple vista, ni siquiera a vista más atenta. Aunque Tu rostro mañana estuvo escrita en estado de gracia, el remate argumental era extrañamente deudor de las tramas truculentas o folletinescas del XIX (de Balzac o de Dumas, tan presentes en esta). No es un rasgo casual: un asesinato (o un homicidio) urdido por amor y por egoísmo aparece como soporte ideal para levantar la tupida enredadera reflexiva que hace de la conjetura y la especulación los recursos hegemónicos y también una forma de plenitud literaria. El lector de Marías ya lo sabe: la ocasional debilidad de esta amplificación reflexiva o esa sobreabundancia del estilo tienen un efecto narcotizante, casi de salmodia discursiva, pero también la garantía segura de un nuevo hallazgo o una nueva sinuosidad que compensará y completará la pasión de pensar en que chapotea felizmente el lector casi todo el rato.
Los papeles perdidos de un filósofo
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La publicación de la temprana tesis de licenciatura de John Rawls, héroe de la filosofía política, es una curiosidad que no arroja luz sobre su obra posterior
Consideraciones sobre el significado del pecado y la fe
Por John Rawls, Paidós, Trad.: Ferrán Meler-Ortí, 301 páginas
La edición de obras que sus autores prefirieron no publicar en vida conlleva el riesgo de constatar que el juicio de éstos haya sido, despues de todo, correcto. Los editores suelen justificarse a través de los méritos intrínsecos del libro, ocultos para el propio autor, o mostrando cómo esta obra "echa luz" sobre la producción posterior del autor, al encontrar aquí y allá sus ideas maduras "en germen". El filósofo estadounidense Thomas Nagel intenta esta última estrategia en su prólogo a Consideraciones sobre el significado del pecado y la fe , compuesto por la hasta ahora desconocida tesis de licenciatura de John Rawls, escrita a los 21 años, a la que acompaña un escrito de ocho páginas hallado "entre sus documentos" luego de su muerte.
La Parrhesía como forma del decir veraz
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La Parrhesía como forma del decir veraz
Coraje de la verdad
La parrhesía, tal como la estudió Michel Foucault, era, en la Antigüedad, la práctica de decir la verdad “sin esconderla con nada”, bajo el riesgo del rechazo o la ira del interlocutor. Esta práctica se sitúa en “la prehistoria de algunas parejas célebres: el penitente y su confesor, el enfermo y el psiquiatra, el paciente y el psicoanalista”.
Por Michel Foucault *
Este año querría continuar el estudio del hablar franco, de la parrhesía como modalidad del decir veraz. Llegué a la noción y la práctica de la parrhesía a partir de la cuestión, tradicional en la filosofía occidental, de las relaciones entre sujeto y verdad. Grande fue la importancia en la moral antigua, en toda la cultura griega y romana, del principio “hay que decir la verdad sobre uno mismo”. Pueden mencionarse prácticas como el examen de conciencia prescrito entre los pitagóricos o los estoicos, del que Séneca dio ejemplos tan elaborados y que volvemos a encontrar en Marco Aurelio. También esas correspondencias, esos intercambios de epístolas morales, espirituales, cuyo ejemplo también puede hallarse en Séneca. Han dejado menos huellas otras prácticas como las libretas de notas, especies de diarios que se aconsejaba llevar, ya fuera para el registro y la meditación sobre las experiencias vividas o las lecturas hechas, ya fuera para contarse uno mismo, al despertar, los propios sueños.
Revista ARCA, de literatura y filosofía
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Revista ARCA, de literatura y filosofía
Número 7 de Aniversario
Primavera 2011
Arca: embarcación, caja, cofre, baúl, arqueta, arca del convenio, costilla, nave, arche, cassaforte, ark… Todas y cada una de estas acepciones encierran el sentido de la guarda de algo importante, antiguo si se quiere, incluso arcaico.
En este caso la descripción de la revista ARCA de Literatura y Filosofía no va tan lejana:
Caja pequeña y resistente, de papel couché y cultural, con tapas y solapas (a color de tercer aniversario), que sirve para guardar objetos textuales de valor, y que funciona también (así en el Arca de Noé) como resguardo de una pareja singular de animales de la misma especie (aunque otros digan lo contrario): la literatura y la filosofía.
En el espejo de Grecia
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[Reseña a En el espejo de tus pupilas. Ensayos sobre alteridad en Grecia antigua de Leticia Flores Farfán, publicado en Editarte, México, 2011.]
Es casi un lugar común la afirmación de que en la antigua Grecia nació la “civilización occidental: la democracia, el arte, la ciencia, etc. Frente a esa afirmación, en múltiples ocasiones poco crítica, Leticia Flores Farfán recientemente publicó un estudio novedoso sobre Grecia que ha titulado En el espejo de tus pupilas.
En el espejo de tus pupilas es un libro que bien pudo llamarse “Los griegos y sus otros”, como aclara la propia autora en el prólogo del mismo. Pues a lo largo de los 4 ensayos que conforman el texto: “El poder de la mirada”, “Los nacidos de la tierra”, “El eterno femenino” y “De bárbaros y barbarófonos,” Leticia Flores Farfán explora cómo se conformaba la identidad individual y colectiva de los griegos de la Antigüedad.
Billy Bang, arrojado violinista de 'free jazz'
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Su contribución a 30 años de música libre fue decisiva
Dentro del incierto, por exiguo y desagradecido, gremio de los violinistas de jazz, Billy Bang pertenecía a la casta de los arrojados aventureros, de los acróbatas sin red. Adscrito al movimiento del free desde su tímida irrupción en la escena a principios de los setenta, Bang (Alabama, 1947) falleció el 11 de abril debido a un cáncer de pulmón, según sus allegados, en su casa de Harlem, barrio que fue también escenario de su infancia y juventud.
La suya resultó una de esas carreras anotadas al margen del gran relato de la historia del género, aunque su contribución a las sucesivas microrrevoluciones de 30 años de música libre en la ciudad resultó decisiva. Militó en la Arkestra del pianista y líder de big band de la era espacial Sun Ra, encabezó dos combos fundamentales (Survival Ensemble y The String Trio of New York) y participó con ellos y con el otro gran violinista free, Leroy Jenkins, de la escena del loft jazz, que llenó con una feroz espiritualidad libre los espacios industriales dedowntown, donde Manhattan perdía el nombre en una sinfonía de decaimiento urbano y alquileres baratos.
¿Sabe descifrar el código McCormick?
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El FBI pide ayuda a la comunidad internacional a través de Internet para desentrañar el misterio de dos notas, escritas en clave, halladas hace 12 años en los bolsillos de un cadáver
"Ahora apenas hay mensajes secretos en papel. Lo más habitual son los archivos PGP", dice un portavoz del CNI
El FBI se ha rendido: después de casi 12 años de fracasos ha decidido pedir ayuda a la comunidad internacional para intentar descifrar dos notas manuscritas encontradas en el tórrido verano de 1999 en el cadáver de Ricky McCormick. El Federal Bureau of Investigation ha optado por colgar en su página de Internet ambos documentos, escritos en clave, para ver si alguien es capaz de desentrañar lo que ya se conoce como el código McCormick. Parece un enigma de ficción propio de Los bailarines de Arthur Conan Doyle, pero no lo es. Entre otras cosas, esos pedazos de papel podrían aclarar la extraña muerte de ese ciudadano.
El espejo atormentado de Schiele
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Viena acoge la primera exposición dedicada íntegramente a los retratos y autorretratos de uno de los grandes pintores del expresionismo
Horas más tarde, cruzando la Ringstrasse frente a la mole de la Ópera, sorteando tranvías y bajo una ventisca de dimensiones bíblicas, uno se seguía haciendo preguntas, preguntas baladíes en torno a lo que somos y lo que decimos que somos, lo que pensamos y lo que en realidad decimos que pensamos, lo que deseamos y no somos capaces de revelar... y entonces volvían a aparecer, repetida, obsesivamente, los espejos atormentados de Egon Schiele (Tulln, Austria, 1890-Viena, 1918), sus retratos y autorretratos de angustia y búsqueda, todo ese abanico de interrogantes que uno de los tipos menos clasificables de la historia del arte lanzó al aire en la efervescencia modernista de la Viena de principios del siglo XX. Alguien que hacía preguntas y, desde sus pinturas, trataba de responderlas. Sin rodeos.
Jan Svankmajer, coleccionista de sombras
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Cine / Un mundo en miniatura
Con sus películas de animación este director checo influyó en muchos colegas más jóvenes que él, entre ellos Tim Burton y Terry Gilliam
Oriundo de Praga (1934), incansable guionista, dramaturgo, artista y director de cine, Jan Svankmajer es, sobre todo, el inventor de las "marionetas táctiles", es decir, de esos seres propensos a exhibir lo tragicómico de la sumisión, que se mueven y metamorfosean sin pausa en sus stop-motion films. Es también el artífice de un inmenso mundo en miniatura cuya realidad no es ni profana ni sagrada sino mágica, y por eso, hay que seguirlo como a un chamán, entrar en sus visiones por las rendijas (como podría entrarse en un cuento de hadas o en un relato de horror) renunciando a cualquier sostén.
Algo de enciclopedia barroca o de ménagerie surrealista contamina siempre sus planos. Hay folletos, mapas anatómicos, probetas, textos de física, catálogos, fórmulas herméticas y listas de precios (y sus respectivas parodias): una suerte de fantasmagoría concreta que es, a la vez, un atlas del mundo de sus visiones y un Orbis Pictus personal con su fauna, su flora, su arquitectura, sus ciencias naturales, su etnología y sus máquinas misteriosas.
Lumet. Antes de que el diablo...
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Hace apenas dos o tres años Sidney Lumet estrenó su última película rodada con la más moderna tecnología digital, como siempre con rotundidad y precisión y dando una nueva lección magistral en su dirección de actores. Era el último representante en activo de la llamada "generación de la televisión", medio en el que se formó como narrador.
Lumet ha sido para algunos de nosotros un maestro, sin ningún rastro onanista de autocomplacencia, dedicado siempre con honradez a buscar la forma cinematográfica adecuada a cada relato. "El buen estilo es el que no se ve", proclama en ese libro fundamental que nos regaló y que se titula Making movies. Un libro que no da fórmulas ni esquemas mágicos, sin chorradas ni mentiras, como la mayoría de sus películas.
Perdemos a un cineasta, discutible para algunos apóstoles del ruido y del adorno, pero un cineasta que para muchos es un maestro del rigor; narrador discreto, sincero, directo, nítido, eficaz, duro y honesto. Moral. Un cineasta de mirada frontal sobre lo contemporáneo que quiso y supo ser testigo imprescindible de su época.
Lumet siempre trató de hacer películas para gente adulta e inteligente. Trató al espectador como a un igual y nunca pensó que fuéramos un rebaño de imbéciles. En estos tiempos frívolos y aterradores que vivimos muchos le echaremos de menos. Ahora que la industria del cine norteamericano parece querer inclinarse definitiva y exclusivamente del lado del espectáculo banal, su muerte es un epitafio del compromiso moral que implica dedicarse a contar las historias de nuestros semejantes.
Gracias por todo maestro. Saluda al diablo de nuestra parte antes de que nos diga que hemos muerto. Todos.
El País
Lumet: El retratista del lado oscuro
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Queda la conciencia implacable
Sidney Lumet fallece a los 86 años tras una larga carrera - El realizador de 'Doce hombres sin piedad' concebía el cine como una forma de analizar el mundo
Sidney Lumet, fallecido ayer en Manhattan a los 86 años, fue un implacable retratista del lado oscuro de la sociedad estadounidense. Pocos directores han dado en la llaga tantas veces y de forma tan certera. A través de títulos como Doce hombres sin piedad,Sérpico, Tarde de perros o Network. Un mundo implacable, Lumet fue uno de esos artistas capaces de convertirse en la conciencia crítica de un país y nunca abandonó la garra combativa.
Sus películas, de factura clásica, eran muchas veces oscuras y siempre mostraban los recovecos menos amables de Estados Unidos. Nacido en Filadelfia, aunque pasó la mayor parte de su vida en Nueva York, una ciudad profundamente ligada a su cine, Lumet es autor de cerca de 40 películas (y de más de 70 títulos si se incluyen también sus trabajos para televisión). Recibió un Oscar honorífico por el conjunto de su obra en 2005: hicieron falta cincuenta años de cine para que Hollywood reconociese el trabajo de un director que había rodado muchas escenas que formaban parte de la memoria colectiva. Pero nunca se mudó a California, ni fue complaciente con la industria ni quiso adaptar su discurso a las modas.
Adelanto / La nueva novela: Ave del paraíso (fragmento)
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"A mis compañeras de clase les parecía una locura que jugase con aquellas chicas de más edad. Era la más joven, estudiaba décimo grado, era de huesos delicados..."
Lo siento, nena. Siento mucho, cariño, que te hayas tropezado conmigo.
Les hacía mucha gracia que me hubiera caído de culo -un culo con poca carne- en la pista de baloncesto y que se me saltaran las lágrimas, y no por primera vez durante la tarde, en unos ojos muy abiertos (como los de una película de dibujos).
Y la nariz que me sangraba como consecuencia del codo veloz aplicado por una chica con mala idea antes de que la árbitra pudiera tocar su silbato de ruido ensordecedor.
-Pobre chiquitina. Pobre blanquita. ¡Lo siento, carajo!
Baloncesto después de clase en el instituto de Sparta. Para jugar con aquellas chicas había que ser alta, fuerte, dura, de pies ágiles. O temeraria.
Escrito por Mark Twain
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El creador de Tom Sawyer quiso que su autobiografía se publicara en el centenario de su muerte. Ahora, el primer volumen de esa obra es un best seller arrasador en Estados Unidos. Retrato de un genial artista de la ironía
Un capítulo típico de la paquidérmica autobiografía de Mark Twain, editada hace un par de meses en Estados Unidos, empieza así: "Ayer encontré un recorte de prensa en el bolsillo de una carpeta olvidada". El papelito, amarillento y arrugado, había sido publicado cuarenta años antes en un diario llamado Philadephia Press y contenía un comentario elogioso sobre la inteligencia y el carisma de Samuel Clemens, el autor estadounidense que firmaba sus libros como Twain. "Lo voy a copiar aquí", escribe Clemens inmediatamente después y, en efecto, transcribe el articulito.
El 'big bang' de la poesía moderna
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El 'big bang' de la poesía moderna
'Matemática tiniebla' reúne por primera vez las revolucionarias ideas estéticas de Poe, Baudelaire, Mallarmé, Valéry y Eliot - Con ellas nació la lírica del siglo XX
Como en la Biblia, también en la historia de la literatura la piedra que un día desecharon los arquitectos termina a veces convertida en piedra angular. En 1948, el mismo año que obtuvo el Premio Nobel, T. S. Eliot resumió con crudeza en una conferencia la idea que por entonces tenía de Edgard Allan Poe, muerto un siglo atrás, "cualquier lector culto" anglosajón: "Es el autor de unos pocos poemas breves que le cautivaron cuando era niño, y que de algún modo se le han quedado grabados en la memoria. No creo que relea estos poemas, a menos que los encuentre en una antología. Su placer es la memoria de un placer". Y añadía: "Consideramos a Poe como un hombre que jugueteó con el verso y con algunas formas de prosa sin llegar a hacer realmente un gran trabajo en ninguno de estos géneros".