Reflexiones Marginales

No. 16 - El cine, sus meandros y sus ríos

Taller de Taquimecanografía

 

 

 

Aura Estrada, Gabriela Jauregui, Laureana Toledo y Mónica de la Torre

Taller de taquimecanografía

Tumbona ediciones/ www.tumbonaediciones.com

México

2011

 

Estimadas compañeras del Taller de Taquimecanografía:

Al leer el título de su libro lo primero que pensé fue en la más odiada de mis clases en la secundaria, pero ahora que he repasado hasta su última página, siento un nuevo cariño por mi vieja máquina de escribir. Me doy cuenta de que así como para ustedes cuatro, que como dice el colofón de este volumen, tomaron dictado en las piernas de un mueble abandonado, la taquimecanografía puede ser para todos el inicio de una conversación. Esto lo demostraron incluso encontrándose distanciadas en cuatro lejanos puntos sobre el globo terrestre como Nueva York, Los Ángeles, Londres y la Ciudad de México. Por eso, aunque por el momento yo también estoy en el D.F., quisiera pedirles me aceptaran como parte de su colectivo (de hecho desde el “compañeras” se habrán imaginado que ya hasta me siento parte).

Tras esta lectura descubrí que el taller de taquimecanografía es el motivo para teclear a toda velocidad y, debo admitir que aunque lo sufrí, los resultados de mi curso en la escuela aún persisten. Aunque realmente me siento más interesada por el propósito de este ejercicio, que por su método. Yo también quisiera encontrar un objeto y así proponerles comenzar un diálogo, contar una historia y después, contarla otra vez. Creo que podría entretenerme con objetos como los que ocuparon al colectivo, como los calzones, sostenes y consoladores, los efectos del azúcar y los puntos de la íes. De hecho a mí la letra i siempre me ha ocasionado una especie de triste simpatía: pobrecita, siempre en medio de las otras. También les propondría nuevos juegos, por ejemplo, creo que las bondades del melón, las reales, ficticias, materiales y anímicas pueden dar suficiente de qué hablar.

La verdad es que las 125 páginas ya tecleadas, impresas y encuadernadas, son una delicia para leer. Yo lo probé en el pesero, en la sala de espera del dentista, a escondidas en una clase aburrida, una noche de insomnio, en un café (sin azúcar, por supuesto), en un parque al frente de algún célebre monumento (como el de Chabelo), en la casa de mi abuelita, en la playa, en un aeropuerto y en un caso desesperado, en una biblioteca. Compartí mis frases favoritas con mis amigas y mi hermana, pero al final, quisiera compartirlo con ustedes, porque, qué es el Taller sino un empujón para incentivar la creatividad y para divertirse con las palabras.

¿A dónde irán las putas en invierno?

Yo creo que siguen aquí, pero con pantalones de lana y botas. Yo las he visto en el metro, el otro día dos estaban en el súper, y casi siempre van al parque cuando sale el sol. Uno las puede reconocer porque son las únicas con cara de aburridas y en las posadas siempre rompen la piñata.

Compañeras, finalmente, para que tomen en cuenta mi postulación, sólo quiero decirles que yofo tamfambienfen sefe cripfriptofografafía.

 

Atte.,

Sandra Álvarez Hernández

 

 

 

En este número

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